domingo 22 de noviembre de 2009

Unas castañas

En el sueño de hoy estaba en Bélgica, imagino que visitando a un amigo que en la realidad vive ahí. Pero conmigo venía más gente, y estábamos en un edificio enorme, un lugar institucional, enorme, con techos muy altos, miles de salas y habitaciones,....

De pronto mi hermana venía corriendo nerviosa, porque se había comprometido con alguien de la calle a ofrecerle "algo". Pero estaba histérica, como sintiendo que era incapaz de cumplirlo. ¿y puedo bajar yo a ver si lo soluciono?

Y ya estoy abajo, en la calle, acercándome a un coche parado a un lado de la calle. Una familia de gitanos están ahí, esperando, y el que conduce me dice que le han prometido unas castañas bañadas en chocolate blanco, y que espera tenerlas. Le digo que no hay problema, y vuelvo al edificio...

Pero no hay castañas en ningún lado... Pero me da por coger una bandeja y vaciar las primeras latas de comida que encuentro. Al cabo de dos minutos eso es asqueroso, y a cada lata nueva la comida que sale es más rara, más prefabricada, más de plástico,... como una montaña de comida de gato.

Yo se lo llevo con mi mejor cara, y la aceptan.

De pronto todo cambia,

Y ahora estoy frente a un edificio diferente, un hospital, donde en uno de sus muros hay una pecera gigante. Se trata de una especie de experimento: es una pecera para gente. Pero no hay nadie mirando. Yo me acerco y los de adentro me invitan a entrar, así que de pronto estoy flotando con ellos en el agua, y nos podemos sumergir y bucear. Parecía pequeño por fuera pero es enorme por dentro.

En una de ésas que estoy afuera, de pie, mirando la pecera desde arriba. Me parece frágil, como si estuviera mal collada al muro. Y tal cual lo estoy pensando todo cae en bloque, apenas un metro, pero todo se rompe y distingo como la gente que había dentro estaba mal herida al fondo. Me iba a lanzar a rescatarlos, pero uno de ellos me dice (¿dentro del agua?) que mejor me vaya a buscar ayuda al hospital.

Pero al llegar a la puerta del hospital los médicos eran esos gitanos del coche, y estaban ofendidos porque la comida aquella estaba asquerosa, y que no se me ocurriera pedirle ningún favor.

- pero hay gente muriendo!
- ¿¿y tú sabes lo malo que estaba eso??

sábado 7 de noviembre de 2009

Una exclusión

Existe una sensación que sólo siento en sueños. No sé ponerle nombre, porque es una mezcla rara de muchas cosas...

La sentí ayer cuando mis padres aparecían juntos de nuevo, y mi querido papá me gritaba con asco que me fuera a mi habitación porque yo me había dedicado a mostrar más cariño hacia mi madre que hacia él. Esa sensación de rechazo me provocaba miedo, vergüenza,... creo que realmente es la pura representación de "ser excluido" de algo a lo que quieres pertenecer.

Pero no estoy seguro.

Ayer me parecía ridículo que mi padre me gritase esa gilipollez, porque en el sueño yo no era un adolescente. Pero su cara y su gesto de rabia me pudo.

Hoy he soñado varias cosas. Una de ellas era que estaba trabajando en unas oficinas como las de Madrid de este año. Al igual que entonces, sentía que no tenía ninguna responsabilidad, que nadie podía exigirme nada. Pero me llamaban de un despacho donde estaban reunidos una gente, y una señora con pintas de tía importante me pedía que llamara a la extensión mñseismñesieteocho y pidiera el informe de msñelmñsunosequé
y yo: perdona??
ella: (cabreada) que llames a la extensión mnsécuál y pidas el informe de mnsoquécosa
yo: me lo puedes repetir..?

y así... Una chorrada, ahora, pero dentro del sueño me sentía inútil y gilipollas. Camino de la exclusión de nuevo.

Es algo curioso, como si tuviera miedo de mis debilidades, de que en cualquier momento pueda demostrar que soy un inútil o un patoso.

A veces sueño con la policia, lo que es bastante raro porque casi parece un concepto freudiano; la policia como símbolo del poder social. Máximo juez y ejecutor de la exclusión social. Para que en la realidad la policia me sude la polla, es increíble cómo tengo su simbología grabada a fuego en mi interior.

Una vez soñé que un par de personas morían estúpidamente a mi alrededor. Ni recuerdo cómo. Tropezando o algo así. Pero de alguna forma yo me convertía en culpable y la policia iba a por mí. Yo sentía que no tenía excusa alguna, que mi vida había fracasado en tanto que me iban a "excluir" y jamás tendría el perdón de nadie... Entonces decidía suicidarme. Y me dedicaba a caminar por la costa buscando un lugar bonito -y alto- desde el cual arrojarme y poner punto y final a esta vida miserable y acabada.
Por el camino me encontraba sitios adecuados, pero no me convencían, y seguía caminando hasta tropezar con un edificio en medio de la nada. Cuadrado, de hormigón, y muy alto. Como un parking. Yo subía hasta arriba del todo, y ahí me encontraba un niño pequeño. Y la policia ya estaba abajo, cerrando el cerco sobre mí.
El niño me preguntaba que qué iba a hacer, y yo le decía que me iba a suicidar.
El niño: me puedo tirar contigo?
Yo: Haz lo que te de la gana.

Y saltábamos juntos, vamos, a la vez. Y caíamos, caíamos, sentía que la muerte sería la redención... y a dos metros del suelo un palo de hierro que salía de la propia estructura me frena la caída, me hace dar un par de piruetas en el aire la mar de estupendas, y aterrizo de pie, sanísimo, frente a esa polícia rabiosa, y el niño que va y justo se la pega de cara contra el suelo y se mata a mi lado.

- lo has matado tú!!

Anda va...

miércoles 4 de noviembre de 2009

Unos submarinos

Desde luego este blog se está convirtiendo en monotemático. Escribo más sobre sueños que sobre otra cosa. Pero me gusta pensar que existen dos modos de vivir; uno intenso donde tragas la realidad sin digerirla, y otro de reposo donde haces de anaconda e hivernas y hablas de las ideas que tienes a medida que vas digiriendo las experiencias....

Nada.

que hoy estaba en una casa sembrada por el caos gracias a mis hermanas y a mi primo. De nuevo mi madre estaba por llegar pero estos tenían un desastre de espanto. Entrabas en la cocina y los cacharros por fregar se amontonaban hasta el techo. Yo intentaba poner un poquito de orden pero resultaba imposible. Además me tenía que ir.

Tenía que ir a la estación de autobuses a coger un submarino para llegar a mi ciudad, donde me esperaba mi vida. Al llegar ahí estaban los submarinos -dos- y un kiosko. Y yo que quiero mi periodico para leer durante el viaje. Pero me lio a hablar con la kioskera que me lía con yo qué sé que rollo. El caso es que salgo con mi periodico pero el primer submarino -el que tenía que coger- ya no está.

Bueno, no pasa nada, entro en el kiosko y le pido que me haga un cambio de billete porque "por su culpa" he perdido el primer transporte. La mujer está por la labor pero es muy lenta, y el formulario tiene páginas y páginas.. incluso en una de ellas la burocracia le obliga a hacer un dibujo. Yo preocupadisimo porque el submarino marchará en diez minutos. Me asomo un momento y ahí está, aparcado en su parcela de agua. Vuelvo a entrar, me dice que ya ha terminado. Salgo...

Y el submarino ya ha partido.

¿Y cuándo sale el siguiente?

Dentro de diez años.

Me muero de asco, de desolación, de tristeza...

Pero no me apetecía sentir esto, y de alguna forma pasan diez años y llego, por fin, a mi ciudad, donde me encuentro en un bar con gente que me esperaba. Me dicen que soy idiota, que ya nadie espera a coger un submarino, que en algún momento la ciudad creció tanto que absorbió todo lo de alrededor, y que podría haber accedido a ellos nada más desearlo.

martes 3 de noviembre de 2009

Unas esculturas

Hace un par de noches tuve un sueño de los que me gustan; largo, vivo y descomunal.

Básicamente la universidad se había convertido en un sitio elitista y pijo (por si mis últimos encontronazos con ella no me lo hubieran dejado ya claro) a las afueras de la ciudad. De hecho, había que coger un metro enorme y viajar hasta un mundo de bosque y hierba, con riachuelos, lagos y cascadas. Había un montón de gente caminando por ahí, y hasta unos que mostraban su elitismo montando a caballo en plan cazadores de zorro a la inglesa... con un trote gilipollas y una pose más gilipollas todavía.

Pero al fondo había una montaña enorme y descomunal, que se habían dedicado a "ahuecar". Y como si fuera la cáscara de un huevo, una escultura puntiaguda vivía en su interior. Luego vi que las clases se daban en el interior de un edificio enorme, con un techo como el de la sagrada familia. Y comprendí que había sido una montaña que también habían ido cincelando hasta reconvertirla en todo un palacete.

En algún momento yo quedaba al margen de todas las cosas, atrapado en una corriente de agua que me arrastraba hacía una cascada. Pero no me preocupaba demasiado... yo estaba contemplando esas ex-montañanas.

domingo 25 de octubre de 2009

Una ruta

A Les se llega saliendo desde la puerta del cole, cogiendo la diagonal y dirrección a lleida hablando de lo que sea. Se sale por tárrega con la música ya puesta y encaminando las rectas del interior, donde hace sol y calor, y las casas parecen hechas por arquitectos deprimidos para que viva gente deprimida.

Se puede parar en un merendero a picar algo, y a sacarse la harina de las mejillas. Y se sigue para arriba dirección vielha, detrás de camiones, enfilando una carretera peligrosa donde adelantar es tentar la suerte.

Y entonces pasas unas montañas y llegas a un sitio donde el otoño son colores, y frío en las cumbres nevadas, y llovizna invisible. Atraviesas un túnel interminable y cosmonáutico y sales al otro lado de las montañas, entre ellas, ahí donde viven unos con su propia lengua. Y sigues el camino subiendo y bajando, y cada vez los pueblos son más pequeños y reales, y para nada depresivos.

La residencia es de ancianos, y parecen no estar acostumbrados a la locura juvenil, y hasta llaman para preguntar si bajas ya a cenar o qué.

La noche es fría, la cama rota, y el amanacer más frío aún, y las nubes más rotas todavía. Y entonces te vas a dar una vuelta por aquí, a que te saluden los perros, y por allá donde los gatos se esconden en sus rincones. Y luego más lejos aún, dónde sólo hay caballos.

Y el cuerpo desaparece y sólo es cabeza, y el agua cae con furia, y otros seres únicos y auténticos grabaron su nombre en un árbol, como si no existiera nada más.

Y volver, y descubrir un botón que convierte lo uno en diez. Y cenar a tiempo. Y dormir con dolor de espalda. Despertar y volver a darle al botón. Y entonces subir entre verdes y naranjas, rojos y agua, hasta donde se esconde el ratón de Heidi. Donde la lluvia no moja. Y uno con un palo está cansado de su mujer hasta en las fotos, y otra va con su parkinson haciendo fotos.

Vuelven los malteses, de bajada, y parece que rueden, hasta barcelona, donde los taxistas hacen el idiota porque lo son.

viernes 23 de octubre de 2009

Un pirata

Hoy tocaba un sueño de mar y piratas.

Había un barco-el mío- con un estilo muy Ikea... sobrio, sencillo, con madera de color clarito, y éramos buena gente. Piratas pero muy majos.

Entonces nos encontrábamos con otro que, de alguna manera, yo sabía que pertenecía a Tarantino (el del cine), y que los que iban en ése barco tenían una mala folla tremenda. Pero justo en ese momento no parecía haber nadie. Este barco era aún más ikeaístico que el mío; mucho más rectilinio, moderno... tenía toda la cubierta plana y el timón en el centro, un poco a la izquierda.

Nos poníamos en paralelo y un criajo de los míos saltaba para hacerse con los mandos de esa modernidad tan chula. Y se llevaba un movil. Y nosotros nos alejábamos para despistar, como si aquello no fuera conmigo... como silbando con las manos en los bolsillos después de hacer una gamberrada.

Y cuando el criajo estaba comandando el tarantino, aparecía por ahí uno de sus tripulantes con un odio sanguinario que se le desbordaba por el mostacho... arrastrándose como la niña de the ring. Entonces todos, desde mi barco, gritábamos al criajo que se diera la vuelta (en plan teatro de titelles) porque tenía al malo aspirándole el cogote.

Entonces el criajo se daba la vuelta, veía cómo se le abalanzaba el tigre aquél encima, y daba pasos atrás (como yo ayer con las serpientes). Y de pronto saca el móvil e intenta llamarle... su estrategia era genial: llamar al móvil del asesino que tienes delante para despistarlo y ganar tiempo.

O sea; el pirata babeando a dos metros, y él buscando "pirata asesino" en su agenda del móvil. Pero el dichoso teléfono no aparecía, y le temblaban las manos, y nosotros seguíamos gritando desde lo lejos.

Así que el criajo saltó al mar, y se pone a nadar. Pero el pirata ya está detrás de él, marcando los dientes en la hoja del cuchillo, dándoselas de tritón.

Imagino que habrá hecho morcillas con él...

jueves 22 de octubre de 2009

Una incompetencia

El mosso: Comisaria de ciutat vella...
Yo: Hola, buenas noches, llamaba para denunciar que una gente está entrando en nuestra finca, suponemos que con intención de robar y... bueno... eso... lo quería denunciar porque no sabemos qué hacer los vecinos, justo ahora acabamos de verlos salir corriendo por última vez pero uno que lleva un supermercado justo aquí al lado nos comenta que ya lleva varios días viéndolos por aquí...
Él: ahora no están?
Yo: No... se acaban de ir corriendo y...
Él: tiene que llamar al 112 cuando ocurra. Cuando estén dentro. Y entonces enviaremos un coche patrulla para identificarlos.
Yo: ...

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Pues nada, cuando nos estén robando llamaré. La hostia.

Una cuerva

Hoy he soñado que estaba en una aldea con una gente muy rara. Y alguien quería "castigar de forma ejemplar" a uno que se había portado mal.

Y lo arrojaba dentro de una caja llena de serpientes. Y yo sentía pánico, los mordiscos en la piel, y asco. El tío no moría, y en su frenesí volcaba la caja. Y podías ver incontables serpientes cubriéndole el cuerpo... marrones, brillantes, amarillas,... todas feas y obsesionadas con morderle. Había una con forma de pequeño caimán que se tragaba su mano sólo para poder morderle mejor.

Y ahí todos lo mirábamos, bien cerquita. Tanto, que una serpiente verde y asesina se fijaba en mí y sentía que me perseguía. Al principio huía dando saltitos para atrás, pero luego me he subido a una silla -en plan fémina- como si la serpiente no fuera a atacarme por estar medio metro por encima del suelo. Pero; se alargaba sobre sí misma, igualita que ET alargando el cuello...

Un sueño muy gay, la verdad.

Pero estoy acostumbrado a estos sueños inútiles y absurdos. Ahora mismo recuerdo que al principio tenía que hacer cola para poner una lavadora en una lavandería de una calle de Madrid. Ya ves.

Total... yo hoy sólo quería recordar una cosa... y es que le conté a mi tío cómo se comporta mi cuerva; se acurruca y se estremece junto a mí. Yo no sabía cómo definirlo, pero él dijo "Ah! ... es agradecida!"... Y sí. Me gustó. Mi cuerva es agradecida.

jueves 15 de octubre de 2009

Un miedo

En su día me cogió la costumbre de soñar con Paula. La veía por ahí de una forma más o menos consciente, y casi cada día se lo comentaba... "hoy he vuelto a soñar contigo"... le decía.

Hasta que me dejó plantado.

Y entonces soñé que estábamos juntos en una cabaña en la montaña (una cosa que teníamos planeada), y una ola de piedras, medio alud, medio tsunami, caía desde la ladera y lo cubría todo. Incluido la cabaña. Y a ella.

Y desapareció de mi mundo inconsciente.

Después, a modo de un goteo mensual, volvió a aparecer en mis sueños. Estábamos juntos, y no había pasado nada de ningún tipo de ruptura... o venía llorando a mí pidiéndome perdón, diciendo que se había equivocado.

Dos de esos sueños fueron tan reales que me jodieron como nada al despertar. Uno aparecía ella junto a una fuente, medio desnuda, y hablábamos, y era un día azul, en lo alto de una montaña en una isla, y yo tocaba el musgo y lo sentía húmedo y frío. Y me decía que eso era demasiado real para ser un sueño. Y despertaba.
Y en otro aparecíamos en 3 islas pequeñas, pero también muy bonitas y vivas, y nos perseguíamos. Y me volvía a pedir perdón.

Evidentemente como los meses iban pasando, pues los sueños se iban espaciando en el tiempo. Y hasta no sufría demasiado al despertar.

Entonces apareció este verano la de madrid, y pareció ser el toque final para espantar un maleficio, porque no volví a soñar con Paula.

Hasta hace unos días...

estábamos en una ciudad, y nos encontrábamos entre un corrillo de gente. Venía a mí, me abrazaba, decía que estábamos cambiados, y se emocionaba y yo me emocionaba. Pero luego se alejaba, y de pronto gritaba que no sentía nada. Ella lloraba porque se le había esfumado el amor, y ahora se sentía vacía.

Y yo... ¿he tenido alguna culpa?

Y en el sueño siento que sí, que la culpa es mía. Que hay algo que hago mal, o que dejo pasar, y que ARRANCO el calor de las emociones de su cuerpo y la dejo vacía.

Y ella me lo reprocha.

Al despertar me sentí raro, y me di cuenta de que es algo que ya se ha repetido alguna vez. Esta sensación de que yo he sido quien la he dejado a ella vacía de sentimiento. ¿pero cómo puedo ser culpable de algo así?

No lo sé. No entiendo nada. Pero creo que si lo sueño es porque mi cuerpo lo ve, o lo siente, y me avisa de esta manera... "eh capullo!! no la cagues otra vez!!".

Antes mi solución era ser tan puñeteramente selecto que nadie me llamaba la atención. Y no sentía la curiosidad... ni la admiración por nadie... curiosidad y admiración, para mí el principio de todo.

Ahora mi solución es ser cavernícola. No hablar de cosas complejas. Ni de sentimientos. Y no dejar lugar a que mi corazón se quede pillado por culpa de las palabras. No le cuelgo etiquetas a nada, y la curiosidad y la admiración no las nombro. Estoy como por estar, mientras mis emociones cabalgan a lo loco por mis venas y me ponen los pelos de punta.

Pero tengo miedo al monstruo que devora las emociones de los otros, y los deja vacíos a mi alrededor...

martes 13 de octubre de 2009

Una bronca

He soñado que iba a Roma de viaje, puede que con la de los ojos azules a mi lado. No sé cómo son las cosas en realidad, pero en el sueño no todo tenía una pinta ruinosa. Había un estadio con hierba, y gradas bajas y agradables. Iba con un grupo de turistas, haciendo cola, pero el lugar era silencioso... tranquilo.

Me esforzaba en escuchar las explicaciones de un guía a un grupo que había delante de mí. Y conseguía entender cosas de la historia que no sabía. Aunque ahora no recuerdo las palabras.

De pronto estaba en una cafetería, como dentro del coliseo, muy grande y con un montón de mesas. Estaba vacío de gente, pero un par de camareros ponían los cubiertos y las cosas sobre las mesas como preparándose para la hora de la comida. Y yo caminaba por encima de las mesas, saltando entre tenedores y cuchillos, pisando los mantelitos de papel que aquellos andaban poniendo. Me doy cuenta de que me miran mal, y bajo.

Entonces estoy en una barca, cerca de la playa, y voy con alguien que va tirando redes al agua, y estirándolas. El tío se dedica con fuerza, hasta que la barca embarranca en la arena. Me manda bajar y que le ayude a dejar lo que hemos pescado en la arena. Me llena las manos con navajas frescas, y chirlas, y con cangrejos ermitaños que me pinzan los dedos. El tío hace un pequeño agujero en la arena y me dice que los ponga ahí, y que vaya cubriendo con arena los bichos.

A cada viaje me acerco las navajas a la cara, para olerlas. Huelen a mar. Y las miro y remiro para ver en qué se diferencian estas navajas recién pescadas de las que me venden en el mercado.

Termino, y espero a que vuelva el tío para que me dé nuevas órdenes. Y de pronto un chavalote despistado pasa arrastrando los pies justo por encima de las navajas. Le grito, le digo que si no se entera de por dónde pisa. Y me mira extrañado, con los ojos de un adolescente torpe.

LLega el tío, me manda recogerlo todo para llevarlo a un restaurante que hay cerca que nos lo cocinarán. Emoción, emoción. Llegamos al restaurante. Les damos la comida. Me siento en la mesa. Son las mesas del coliseo... y el camarero es el chavalote ese... y me mira con venganza.

lunes 12 de octubre de 2009

Una liberación

Él: ¿Tú sabes la sensación de liberbarte de algo? Esto lo sabemos los que hicimos la mili... cuando salíamos de permiso. Eso de ducharte en una ducha, tú solo. Y hacer las necesidades en tu retrete. Y estar sentado en una terraza y tomar café. Y ver la gente pasar. Sin estar pendiente de que nadie te diga nada. Es alucinante. Y no es que aprovechase para hacer nada... nada especial. Simplemente podía decidir libremente qué hacer. Yo decidía qué hacer con mi tiempo. Es algo bestial.

lunes 5 de octubre de 2009

Unos gorilas

Soñaba que estaba en un valle, en un autocar, circulando por una carretera montaña arriba.

Subíamos, subíamos, y el cielo era gris, y las cosas no tenían mucho color.

De pronto el conductor plantaba el autocar mirando al valle, en una especie de repisa casi en la cima. Y todos sonreíamos, nos agarrábamos a unas barras en plan cochecito de la montaña rusa, y el tío aceleraba hacia el vacío.

Caíamos rebotándo sobre las repisas. Era una caída larga, contra un pequeño saliente, un rebote hacía el vacío, y vuelta a caer. Incluso en un momento nos poníamos de espaldas. Y sentía el vértigo de caer al vacío sin saber cuándo tocaría el suelo.

De pronto la caída terminaba, y estábamos en un pequeño campo de cesped junto a un monasterio. ¿El de las batuecas?

Y la gente se movía arriba y abajo, riendo, como gorilas en la niebla.

domingo 4 de octubre de 2009

Una facilidad

Me estaba empezando a sentir mal, inquieto, triste. Pero ella me forzó a hablar.

Dije algo fácil, real, cierto. Lo entendió... no me explicó nada, ni me preguntó más. Duró poco. Y la sentía bien, dolida y triste. Pero bien. Y colgamos.

Durante un rato me temblaron las emociones por dentro. Me acojonaba pensar que ella no lo aceptaría así, que no diría eso de "ahora ya lo entiendo", y que me tocaría justificarme, argumentarlo. Habría sido destapar el pozo de lo complejo, lo abstracto, lo incierto, y aún ahora estaría entrelazando elementos de una estructura destartalada.

Pero no.

Y las emociones dejaron de temblar al cabo de un rato. Y si hago el esfuerzo de no querer justificarme -que lo siento-, creo que todo se calmará. Como un tsunami que pierde fuerza y vuelve atrás, al oceáno. A lo suyo.

viernes 2 de octubre de 2009

Un colapso

Si tengo cierto caos a mi alrededor, me quedo quieto. 

Es como si se me apagara el cerebro, y rompo con mis rutinas. Me junto al caos, me impregno de él. Hasta que en algún momento siento que las cosas se ordenan de nuevo. 

A ver cuándo...

jueves 1 de octubre de 2009

Unos puentes

Hoy he soñado que estaba en un barrio de por aquí, de mi ciudad, y que me movía arriba y abajo recogiendo víveres y maletas para un viaje. Lo iba dejando todo en una nave industrial, y hablaba con gente sobre el recorrido.

Creo que era yo mismo el que les explicaba que iríamos a un país asiático a cruzar siete puentes. Que no todo el mundo los cruza y que tampoco se sabe muy bien qué hay "al otro lado". Pero de pronto era yo quien estaba allí:

Estaba en la cornisa de una montaña escarpada, marrón, sin una planta. Me acompañaba una amiga de mi hermana, y ahora ella iba por detrás de mí, ahora por delante. Los puentes aparecían uno detrás de otro; cortos, de tablas de madera, y con sólo una cuerda a la derecha como barandilla. Al otro lado la pared de la montaña. Y servían para sortear aquellas partes en que no existía cornisa natural. 

Uno de los puentes te metía en un agujero con forma de puerta dentro de la roca. Y llegabas a unas estancias limpias, ordenadas, con agua y comida. Sentías que no podías tocarlo, como si estuviera prohibido. Y de alguna forma sabía que eran como estancias de un hotel, que yo estaba de paso y que no tenía que tocar nada. Pero la chica y yo nos encontramos un tarro negro y grande, redondo, con un montón de comida dentro. Tenemos hambre y empezamos a comer, y nos ayudamos con un pan de pita que también había ahí al lado. La excusa es que nadie viene nunca aquí, que nadie se atreve a cruzar los siete puentes, y no importa lo que toquemos.

Pero luego me sentía culpable, y hasta aparecía mi tío para pegarme la bronca. 

La comida era rara pero buenísima, verduras con miel.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Una incógnita

La casualidad quiso que ayer fuera a ver el partido del Barça con Iván a ése bar, y que saliéramos a esa hora determinada, y que le acompañara hasta esa esquina, y que habláramos tales cosas durante tal tiempo hasta despedirnos.

Y que yo decidiera volver a casa por aquella calle, y que ellos, Erik y Mikaela, me preguntasen si conocía una cosa llamada snooff o algo así, que es la forma de "tomar" tabaco en suecia -según me contaron luego (bolsitas de tabaco que se colocan bajo el labio)-. Y la casualidad quiso que nos cayésemos simpáticos, y que me pidieran que les mostrara la noche de barcelona. Y yo me quise mostrar amable con ellos, y les llevé allá, a la ovella negra, donde la casualidad quiso que nos bebiéramos el cubalitro de tequila en un tiempo determinado...

La casualidad nos hizo caminar de nuevo ramblas abajo, mientras mezclábamos inglés con su parloteo sueco, y la casualidad nos hizo sentir apetito por ir haciendo fotos aquí y allá, cuando aún les tenía que pedir que me recordasen sus nombres.

La casualidad quiso que pasáramos de largo de plaza real -mi propuesta- y que les acompañara hasta el hotel. No sea que nos perdamos, decían.

Pero al llegar a la puerta no hicieron gesto de agradecer nada y dieron por supuesto que yo les acompañaba adentro. Cosa que hice, y sin llegar a valorar el qué de que estuviera entrando con ellos en su hotel, a su habitación, recién conocidos ambos.

Pero la casualidad quiso que cuando ella solicitaba la llave, pasara justo por ahí el encargado del turno de noche y nos preguntara si realmente los tres estábamos registrados o no. A lo que respondí con la verdad, ante la mirada triste de Erik y Mikaela.

Nos despedimos entonces dándonos la mano (primero a él, luego a ella), sin inquietud alguna por alargar nuestro contacto existencial. Y caminando -de nuevo- para casa, dando tumbos y con la sensación de haber vivido parte de una locura imprevista, yo, a mí,... yo mismo... me preguntaba si la casualidad quiso apartarme de algún oscuro propósito sexual, o si aquello habría sido la continuación de un agradable encuentro fortuito, o qué demonios eran ellos y qué coño pretendían de mí.

lunes 21 de septiembre de 2009

Un olfato

Como buenos hombres ocupados que somos, ahora hacía unos dos meses que no me veía con mi padre. Y aún así me ha parecido más dicharachero que nunca, y hasta me ha recordado a aquel chavalote ilusionado que me leía cuentos en la cama, y me explicaba cosas que se me han quedado grabadas en el cerebro...

Tal vez me ha sorprendido tanto revivir una experiencia infantil, que de pronto he empezado a sentir olores a mi alrededor.

Olía lo soso de los espaguetis blancos de un menú de ocho euros. El caucho de los neumáticos cuando el del taller a subido la persiana. Y cosas así.

Mientras mi padre me hablaba de Bernini y de esculturas que ha visto en Roma, yo olfateaba disimuladamente a mi alrededor.

Y no negaré que alguien ha pasado con un perfume de los que me descolocan. De los que me recuerdan a una de esas "ellas" que me han revuelto el corazón y los sentimientos. ¿de quién? ¿de quién?... me iba preguntando...

Hasta recordar aquella vez que me dejó un cd de música impregnado de su olor, de ése perfume. Es que se me ha roto dentro del bolso y me lo ha empadado todo... me dijo.

Y yo me pasé una semana pegándome la cajita del cd a la nariz, como si estuviera cobijándome en su sexo.

¿Y por qué Bernini dejaría una escultura a medio terminar?

viernes 18 de septiembre de 2009

Una bursitis

Ya hace más de un año que tengo la manía de "hacer deporte". Al principio alucinaba un poco conmigo mismo porque no sabía yo que podía mantener la constancia en algo, y vencer la vagancia y las pocas ganas de hacer esfuerzos.

Pero como lo de ponerse a estudiar, la ilusión me nació de adentro, y la realidad me ha ido acompañando y empujando en los momentos difíciles. Hasta el punto de que mi cuerpo me pide sudar y agotarme, y cuánto más mejor, y más y más y más.

Pero he bebido mucha cocacola en mi vida, o pasó factura no tener una fortaleza física en mis genes, y por ahí por mayo me salió un dolorcillo en la rodilla de lo más estúpido. El dolor iba a más, hasta que un día me vi incapaz de subir las escaleras con un pie por delante del otro.

La resonancia magnética dice "fisura en el codo anterior del menisco y bursitis".

Bursitis es inflamación, algo pasajero, pero la fisura es otra historia. No sé si tiene arreglo o no.

Esto ya lo sabía yo desde julio que es cuando me hicieron la resonancia...

Te desnudas en un cuarto pequeño, te vistes con ropa de una fina tela azul (que parece papel), te tumbas en el frío plástico de cacharro, y empiezan los CLAC y los CLOC y los TACATACATACA... pero yo me dormía con un sonido de fondo... una máquina que luego me contaron que era la bomba de agua o algo así. Tenía una cadencia preciosa... CHUF-spla-zissss-spla-CHUF-spla-zissss-spla-CHUF-spla-zissss-spla-CHUF-spla-zissss-spla-....

En julio me quedé quieto.

En agosto también.

Y hasta hace cuatro días no me había dediado a esforzar para nada esa rodilla. Entonces salí a correr pero muy suave, muy tranquilo. Dos kilómetros. Más que correr, caminando a saltos.

Y luego no me dolió, ni me molestó, y mi felicidad fue enorme y retocé de júbilo.

Ayer me encontré con mi nueva amiga-vecina. Nos quedamos una hora en la calle hablando delante del portal porque era la primera vez que nos encontrábamos a solas, y me preguntaba qué tal con Laura, y yo le respondía preguntádole por su novio, porque no tengo ganas de quedarme con las emociones pilladas.

Hablar de las cosas reafirma su existencia. Y llevo casi dos meses en un limbo y me gusta.

Hablé con ella esa hora, quieto, de pie, y se fue y yo al caminar volví a sentir aquel dolor... una chispa nada más que luego se difuminó. Pero fue como un grito, un pataleo.

De mi menisco, que dice que ya soy mayor para según qué cosas...

jueves 17 de septiembre de 2009

Un mugido

Ahora que todavía sigo en casa de mi madre, mientras terminan de arreglarme el piso, estoy intentando enloquecer un poquito el perro que tienen aquí.

Es el del anuncio, blanco, bueno... es ella: es la del anuncio, blanca, y una tía supertranquila. Es tan tranquila y acojonadiza que la tengo ahora aquí en plan calentador para los pies. Y parece que le mola. Además va a juego con una alfombra que hay por aquí.

Yo quiero que aprenda a mugir.

En invierno mete el hocico -y porque no cabe más- debajo de las estufas, que están que hierven. Y le tocas la cabeza y quema. Pero ella a su rollo, dándoselas de elemento disecado móvil.

La otra perra que tuvimos cuando yo era más pequeño sí enloqueció. Se le quedó algo del carácter de mi familia en su manera de correr como una gamba por los prados, y en esa mirada chalada que se le ponía cuando la bajábamos del coche después de estar encerrada en el maletero las tres horas de viaje, y la hacíamos perseguir el coche los últimos cinco kilómetros.

La marmota esta en cambio no, es muy pija para eso. Lo de los esfuerzos físicos no va con ella. Y sólo estos días que está en celo parece que siente un cosquilleo tonto por olfatear el entrecuix de los otros perros.

Yo quiero que aprenda a mugir. Un día le enseñé cortezas de pan, y mi hermana se puso de rodillas junto a ella. La perra loca por el trozo de pan, claro, toda quieta y con las orejas pegadas al cuello en un plan "loquieroparamí,loquieroparamí" muy obsesivo. Entonces yo dije "parla" y mi hermana mugió ("mmmmuuuuuuu") y le di el pan a ella. La perra de los nervios. A la tercera vez se notó que intentaba aprender eso, y le fueron saliendo pequeños rugidos guturales.

Yo con aquello me descojonaba de risa: me imaginaba a mi madre ofreciendo una cena de copas de vino grandes y velas, con su gente, y el perro paseándose por alrededor como un bicho poseido por un demonio afónico.

Pero no fue a mucho más, y la verdad que le costó quedarse con la idea. Decías "parla" pero ella te miraba a lo Homer Simpson.

Estos días, digo, que ando por aquí mientras terminan de arreglarme el piso, le he practicado un curso intensivo. Y ahora estaba aquí haciendo mis cosas, y comiéndome unos croasans, que ha llegado ella, se me ha sentado al lado, y me ha dedicado un MMMMHHHHHHHH de los que sorprenden.

domingo 13 de septiembre de 2009

Una ciudad

En Barcelona no nieva, pero en la película me ponía los pelos de punta. Y pensaba en la tranquilidad que da la soledad, y en los años sin miedos ajenos pegados a mi vida.

En mis sueños también nieva en Barcelona, y viajaba en un tren donde uno que yo me sé ligaba por pares. Y a mí me metían de nuevo delante de un piano sin teclas, y esperaban que yo hiciera música.

También soñé que alguien viajaba conmigo en coche. Esperaba de mí que condujera hasta un lugar idílico, pero el gps me confundía y no había forma de encontrarlo. Y así toda la noche.

Parece que lo que evito sufrir en la realidad, lo sufro de todas maneras cuando duermo. Mamuts a parte.

jueves 10 de septiembre de 2009

Un mamut

Por segunda vez en mi vida he soñado con mamuts.

Esta vez estaba en un mundo plano, nevado, con el cielo gris. Muy siberiano. Había un autocar a lo lejos con gente y un Terminator (!) y yo tenía que llegar ahí y destruirlo. Montaba sobre el mamut y empezaba a correr, cada vez más rápido, cada vez más rápido, hasta llegar a los 264 km/h. Toma ya.

Y llegaba al autocar, sacaba una metralleta, y disparaba al robot ese. Pero no se destruia, sino que se abalanzaba sobre mí. Y de pronto el sueño era pesadilla, como todas aquellas pesadillas en que provoco a alguien inocente pero más fuerte que yo, y se me tira encima con la rabia en los ojos.

Creo que es el miedo a provocar a la gente y caerle mal a alguien. A ofender. Y temo la violencia física.

Parece que mi etiqueta es la de "friki cobarde".

Pero también soñé que Madrid tenía mar, y que yo buscaba un piso donde vivir. Y esta noche que me acogían en un hospital de monjas... me he enamorado de una chica, guapísima, desconocida (como en todos los sueños donde me enamoro), y todo el sueño era entregarnos al sexo en un sofá en el dormitorio de las monjas.

Una monja dormía al lado y parecía aceptar los borbotones de pasión. Pero ya cuando ha llegado una amiga y la pareja se convertía en trio, he reaparecido en la calle, vestido, y con las dos mujeres preguntándome a dónde ir. Pero el mundo ya era apocalíptico, postnuclear, y sentía que no había un espacio en todo el universo donde acostarse.

Yo no sé por qué sueño estas cosas. Enamorarme de desconocidas me es habitual. Pero si lo del mamut se repite... o vuelvo a ver la monja...

jueves 3 de septiembre de 2009

Una huella

En la alberca el tiempo pasa rápido, pero da para muchas cosas. El vino es barato pero peleón, y aquí te lo sirven en copa, allá en vasito, y por ahí lo regalan cuando compras embutido.

El pan sabe a pan, el agua a agua, la noche tiene estrellas, y los ríos pozas preciosas -dicen, el mío estaba seco-.

Pero arriba del todo los buitres te miran, y saben que sois de ciudad y que estáis cansados, que ella es pequeñita y que tú cojeas.

Por las noches no hay ruidos, el frito es cuchifrito, la carretera larga, y hay momentos de aburrimiento que pasan alegres. Parece como si todo tuviera algo vivo, y un color distinto y real. Las casas están chafadas por su propio peso, y las calles son estrechas como pensadas para amantes que saltan de vecino a vecino por las ventanas.

Dirías que nada molesta, y que la estrella fugaz dejaba una estela de luz que aún sigue ahí.

Le robas moras a los carmelitas descalzos, y una manzana verde, pequeñita y ácida. Sobra comida en la mochila, y un oso aún andará persiguiendo el olor del lomo y del jamón.

Y por la noche, otra vez, cuando llega el frío... no me importa que se me instale dentro. Mejor así.

¿Qué notas?
Nada. Paz.

viernes 21 de agosto de 2009

Una nostalgia

Añoro mi mesa.
Y subir las escaleras de Montjuic.
Mi guitarra Tacoma.
Y los regates de Conguito Negro.
...
Añoro las ensaladas de mi madre.
Los lentos acelerones de mi moto.
El café soluble.
Mi ordenador.
Aburrirme en mi sitio.
Mi ducha.
Ser el despertador de mi hermana.
Aburrirme en compañía.
Mi cama.
La humedad.
Las picornell.
Caminar desnudo por casa.
Los ruidos de mi piso.
No tener gato.
Conocer las rotondas.
...
En mi casa no se oye follar a nadie. Y así las cosas no duelen ni recuerdan ni provocan vacíos.
...
Tengo que hablar de las caras que se repiten.

jueves 20 de agosto de 2009

Un puzzle

Yo: Hola??... Hola...?
- sí?
Yo: Hola mira, que es que os acabo de comprar un faro de un opel porque se me rompió el mío, aquí al lado en recambios, pero lo intento poner yo y me hago un lío. ¿Si te meto el coche me lo podrías hacer ahora?
- qué va, por entrarlo te tengo que abrir parte de trabajo, y luego me lo tendrías que dejar y...
Yo: nada, no, si es que lo necesito ya para mañana...
- a ver cómo lo tienes??
Yo: Mira, sí, gracias... aquí...
- no hombre no, pa' cambiar esto tienes que desmontar el frontal y...
Yo: Qué??
- e'to aqui tiene cuatro tuercas, y entonces sacas el parachoques, luego nada más tienes que sacar la rejilla y dejarlo todo abierto, luego dos tornillos sujetan los faros aquí y aquí, e'to va todo a presión, y sacas la' bombillas por dentro, desmontas estas sujeciones, ojo los cables, cuidao la lampara, vigila la' gomas, y na'...
-...

miércoles 19 de agosto de 2009

Un infierno

Hace tanto calor, que parece que te tragas tu propio aliento cada vez que respiras.
Por las mañanas hace fresquito, relativamente, y puedo bajar a buscar el taxi con la corbata puesta y todo, sin temor a chorrear sudor. Siempre llego pronto, y me voy a la cafetería a buscar un café con leche -fría- en vaso de plástico. Camino preocupado por el pasillo porque la corbata se me tuerce, y en las sillas esperan gente con pañuelos en la cabeza... Algunos van sin nada; calvos.
Vuelvo a mi lugar con el café en una mano, e intento poner cara de no pertenecer a ninguna parte mientras camino de nuevo por los pasillos. No sé cuántos de ellos tienen esperanzas, o cuántos de ellos están más cerca del final que de la propia cafetería...

lunes 17 de agosto de 2009

Un asco

El diccionario dice que "asco" es una "impresión desagradable de algo que repugna". Y de "pena" dice "cuidado, aflicción, sentimiento interior grande (!)".
No sé si es pena o asco, creo que siento las dos cosas a la vez. Será que cuando algo es muy asqueroso puede llegar a darte pena, y al revés: cuando algo te despierta mucha pena puedes llegar a sentir asco.
A lo mejor estos sentimientos son así porque inconscientemente trato de huir de lo que me da pena; no tocarlo. Como si fuera algo contagioso que me puede afectar a mí también. Uno cuando ve algo que da asco no lo toca, no sea que el asco se quede impregnado en la piel. Es como aquellos leprosos que piden dinero en la calle pelayo, que incluso apestan. No sabes si sentir asco o pena, e imagino que si los dejo atrás como a tantísimos otros marginados, es porque es más fácil huir, y ni si quiera preguntarte si es el tipo de vida que han elegido.
La gente esta del piso donde estoy es sucia por los cuatro costaos. De la cocina me conozco aquellos puntos "tocables" que no te dejan los dedos "enganxifosos". Y respecto al salón y sus ceniceros a petar de colillas pues me tomé la molestia de limpiar la pantalla de la tele y la mesita de cristal donde a veces como. Porque aquello ya era exagerado.
Al baño voy de puntillas, y no pregunto cuándo fregaron el suelo por última vez. Yo el de mi habitación lo limpié a conciencia con limpiacristales, de rodillas. No es algo que vaya a hacer cada tres días, pero eso de caminar en calcetines por aquí sin temor a que le salga una barba de suciedad tiene su qué.
El problema es que tienen un gato. Un gato que me da asco... o pena... aún no lo he decidido. Creo que las dos cosas. El pobre bicho camina y se tumba por todas partes, y es como si fuera un trapo sucio ambulante. Lo ves ahí lamiéndose el cuerpo con disciplina, pero la cosa le supera. Tiene las patitas grises e imagino que la lengua verde. Lo veo tan asqueroso que me da pena... y me da tanta pena que me da asco... y cuando se viene a mis brazos le enseño los dientes y le digo que NO!!

lunes 10 de agosto de 2009

Un volver

Me apetece volver aquí.

Justo ahora que estoy en Madrid, lejos de todas las cosas conocidas y viviendo un montón de novedades desconocidas.

Por las mañanas trabajo en el edificio más pijo de todos, y por las tardes/noches vivo en el cuartucho del piso más guarro que he conocido en mi vida.

Tal vez vuelvo porque necesito reencontrarme con esta forma de hablar listando cosas, que me resulta tan cómoda. O tal vez vuelvo porque he vivido una semana de pasión desenfrenada, y ahora que ella anda de vacaciones me siento aún más solo que cuando llegué aquí a finales de Julio.

O tal vez será la fiebre que me pilló ayer, que me hace delirar.

domingo 15 de marzo de 2009

Un descontrol

El descontrol para mí es una emoción; es como si mis entrañas gritasen "¡para!".

Lo puedo sentir muchas veces, siempre que me exceda y juegue con los límites de las cosas. Como si hubiera fronteras que nunca se deben traspasar.

Lo puedo sentir yendo a un examen sin habérmelo preparado, o cogiendo la guitarra para tocar algo que he olvidado delante de alguien. Me coge un vacío por dentro, me sale sudor, y escucho esos gritos dentro de mí avisándome de que voy mal, de que estoy equivocado, de que no estoy preparado, de que voy a perder el control.

Pero me gusta sentirlo porque así recuerdo hasta dónde llego. O aprendo.

Acelera, acelera, acelera, reduce, curva, ruedas chirriando... vale, hasta aquí.

Y luego tranquilidad, a mirar el día azul, el olor a primavera, y sentir las cosas que me rodean.

viernes 13 de febrero de 2009

Un retraso

Qué guay, llega con retraso pero ya le pusieron mi musica a la web...!
http://www.oibar.eu/

domingo 8 de febrero de 2009

Un mirador

El viernes por la mañana encontré unos minutos de descanso. Tenía la vista un poco cansada, y cerré los párpados con suavidad.

Respiré profundamente y pensé... "vamos a meditar"...

Así que vi el cielo estrellado, imaginé el Sol y las galaxias, el negro del universo, y el tiempo y las cosas infinitas. Pensé que todo es tan grande e inmenso que mi vida es ridícula. Pero dispongo de "mi momento". Como si fuera un mirador desde el cual percibir todo lo que me rodea y sé.

Siempre que pienso esto pienso también en la muerte. Y pienso lo de siempre; morir es desvanecerse, es dejar de ser; desvincularse de todo, desaparecer. No ser. No pensar, no sentir. No vivir. No tener conciencia... ¿y cómo será la eternidad sin conciencia? Si "no tener conciencia" es como dormir sin soñar... ¿cómo será dormir sin soñar y no despertar jamás?

Pienso... mi vida es intensa ahora, es brutal, es única. Tengo mis amigos, mis responsabilidades, mis luchas, mis... todas mis cosas. Como si de mí salieran cuerdas que llevan atadas cosas. ¿Cómo será no tener nada de eso? Olvidarlo todo...

Y entonces "lo sentí". Sentí y concebí la emoción del instante final: Yo sé que voy a desaparecer. Como si fuera a desaparecer ya mismo.

Y sentí un vértigo terrible. Una... no sé... una sensación muy curiosa. Y tuve que abrir los ojos porque por un instante me había vaciado de todo y "era demasiado". Pero... no sé decirlo... lo había comprendido. Apenas por un instante había comprendido la muerte en sí.

Con los ojos abiertos volvía a estar rodeado de luz, de gente. Yo sentado en una silla, esperando. Y todo el mundo con sus cuerdas y sus cosas atadas, moviéndose y viviendo alrededor. Y yo también. La experiencia me había hecho cosquillas, me había gustado. Volví a cerrrar los ojos, volví a pensar lo mismo... pero no conseguía sentirlo. No podía percibirlo de nuevo.

Entonces vi que aunque es algo que he sentido y pensado mil millones de veces, lo he "sentido" muy pocas. Puede que tres o cuatro, o cinco veces como mucho.

Y si morir es desvanecerse de todo... ¿qué sé yo cuándo voy a morir? ¿y si fuera mañana? ¿Aceptaría estar viviendo lo que vivo, sabiendo que tal vez "no dispongo de mucho tiempo"?

Y sí, me contesto que sí. Que tengo mil cientos de miles de cosas por hacer, pero estar ahí, justo en ese momento, era lo que yo quería. ¿aunque fuera a morir mañana? Pues sí... si es lo que toca lo acepto.

Y de pronto me había llenado de vida, de alegría, de... no sé... como si todo concordase, o encajase, o fuera "lo adecuado"... o mejor: lo que a mí me apetece.

Como si no pudiera ser mejor.

Ayer, por otro lado, después de comer me sirvieron un café con leche caliente. Porque siempre tomo café con leche. Aunque sean las doce de la noche. ¿unas galletas Guille? ja ja já...
El café tenía una capa de espuma encima, y me dió por pensar que esa espumilla hacía de contención al calor. El café, el líquido, como no tocaba el aire directamente no se enfriaba. Así que soplé para romper la espumilla.

Conseguí hacer un agujerito en ella, justo en el centro del vaso. Si dejaba de soplar la espumilla se cerraba. Y me gustó quedarme enganchado; forzado a soplar. Para dejar el agujero dilatado, como si fuera un sexo; una boca que debes besar para que no se cierre.

Al ir soplando se hacían pequeñas olas, milimétricas, sobre la superficie. Y a veces se arrastraba un pelín de espuma que salía disparada hacia el centro de ese oasis líquido. Giraba sobre sí misma y dibujaba una espiral, y se movía en círculos. También había burbujas y...

- Guille, que se te enfría...

- Ah.. sí sí...

viernes 30 de enero de 2009

Una claridad

- Muy bien Guillermo, ahora pon la primera y detente aquí a la derecha... sí... así... vamos a ver ahora lo que es el embrague... eh... muy bien, vamos a ver... auerel embrague es como... ves mis manos?... pues la derecha es el como el impul... el motor.. entonces la fuerza... porque esto está girando, no?... uelas estrías... encaja, ves?... claro, entonces, cuando das gas... cuando das gas qué pasa?... pues pasa que cuando das gas esto... hace que... y luego entonces se traunsmite... no, está girando y como encaja... eh?... ves?... si no entonces qué?... pues giraría pero uarel embrague lo aguanta... cuando damos gas uel motor, no?.. cuando damos gas el motor... claro... la fuerza... porque si... eh?... pero lo levantas.... y entonces sí. ¿me entiendes?
- (...)

Brouuummm broummm

- Eso es.
- (...)

jueves 29 de enero de 2009

Una gasolina

La oficina de Hacienda no está a petar, pero hay colas interminables que avanzan lentamente. No soy el único que está ahí con un montón de papeles incomprensibles en la mano; alguno tiene cara de resignación, otro de risa nerviosa, otro de desaliento,... y un montón con las cejas en tensión y pinta de nometoquesnimehables.

Pero yo he estado al otro lado y para mí los que atienden no son "el problema". La organización de las cosas parece caída del cielo, como si un puñado de viejos grises decidieran en su día cómo hacer las cosas. Con su jerga y sus puñetas.

Así que cuando me toca presentar mis papeles me sale sonreír, y saludar... y la funcionaria me devuelve la sonrisa y los buenos días,... y de pronto parece que exista complicidad. Aunque le toque mandarme de nuevo a casita porque los papeles que le traigo tienen un error.

Es como si existiera un destello de... no sé... de confraternizar o una palabra así. Algo que hace que los unos estén pegados a los otros y se ayuden, y rebosa amabilidad y alegría y pajaritos y primavera por todas partes.

Luego he vuelto y todo estaba perfecto y genial. Y ella ha vuelto a ser muy amable conmigo. Y me he marchado sin ver las colas; sólo viendo un montón de gente digiriendo lo incomprensible...

como si nosotros; los ciudadanos, fuéramos los alimentos masticados y arrojados al estómago. Y ellos los ácidos que nos disuelven y clasifican y ordenan.

La sonrisa es aquello que lo cuaja todo, y que le da consistencia. Todo sobre ruedas.


Una putada

Despertarme a las cinco de la mañana tosiendo. Y ya no volver a pegar ojo.

Me jode dormir mal; o que me cueste pillar el sueño o que se me escape a mitad de la noche.

martes 27 de enero de 2009

Un papel

El viejo: ... y me lo das sin papel.
La charcutera: ¿cómo que sin pap...? ya estamos otra vez!! que no! que no se lo doy así sin... ¿pero qué quiere? ¿que se lo de en la mano? ¿y si compra pescado también se lo lleva en la mano? ¿y todo en la mano? que no.. que no.. que fuera... que yo no te atiendo!! que noooo!! que fuera! adiós!... hombre!.... es que no puedo, de verdad que no puedo...
El encargado: ¿otra vez?
La charcutera: sí, sí... otra vez... que se lo quería llevar en mano, ¿pero tú te crees? está mal!! Que se cree que el papel pesa!!.. ay,... hola,... perdona guapo, dime...
Yo: buenas, quería un corte de carne de este de aquí... y me lo das sin papel.

domingo 25 de enero de 2009

Un salto

Ahora no lo siento con tanta fuerza, pero antes cuando estaba dentro del sueño tenía la impresión de que era lo más fabuloso que he soñado en mi vida:

En medio de un desierto había subido a lo más alto de una montaña tremenda, oscura, de pizarra. Había subido con alguien más y en un coche, resiguiendo un caminito. Estabamos en un saliente y todo se extendía a mis pies. A mi espalda el coche, a la izquierda un pequeño desnivel, enfrente unas pocas rocas y luego una caída al vacío, y a mi derecha el vacío. Un precipicio perfecto, recto y altísimo.

Yo tenía un paracaídas a mi espalda. Y tenía el convencimiento de que podía saltar; que iba a saltar. Lo único que hacía era buscar el punto perfecto. Y todo el sueño era eso: buscar el trampolín perfecto. Cuando me asomaba el vértigo me venía y me hacia cosquillas, y había momentos en los que sentía que no tenía los pies sobre nada como si ya estuviera cayendo.

Y me he despertado antes de saltar, pero no me he quedado con las ganas.

jueves 22 de enero de 2009

Una lista

Primero fue la tele de plástico blanco en casa de mi abuela. Tenía dos interruptores para cambiar de canal, que hacían clac-clac a cada pequeño giro que le dabas. Era pequeña, en blanco y negro.

Luego vino la tele que nos dio la otra abuela. Grande, gris, con un par de diminutos botones alargados... uno para cambiar de canal, otro para el volumen. Tenía una tapa de plástico que protegía un par de tubitos de plástico que se movían para sintonizar la señal. Era en color, y la pantalla era muy curva.

La televisión en el piso de mi abuelo era enorme, en un armazón de madera. Tenía un pequeño panel con numeritos, y cuando los pulsabas se hundía un poco. Recuerdo que todo se veía mal, en un tono verde Matrix asquerosamente claustrofóbico. Recuerdo que era una tele vieja, sucia, que olía a moqueta y polvo. Como el resto de la casa.

Un día en andorra llegué y vi que se habían modernizado; una tele negra, enorme,... me sorprendía el negro cuando se apagaba. Parecía un pozo sin luz. Al cambiar de canal aparecían números en verde fosforito, y a veces se quedaban ahí eternamente y te matabas con el mando distancia a buscar la dichosa tecla que quitaba eso de enmedio.

Luego no tuve tele.

Luego nos compramos una entre los amigos, para cuando venían aquí al piso. 20 euros cada uno, entre 4. Cuando llevaba un rato encendida se oía un zumbido de fondo que era como un gimoteo que te perforaba el tímpano. Ya no me funciona.

lunes 19 de enero de 2009

Una temperatura

Al llegar a la piscina me he asomado a ver si había alguien en la piscina descubierta. Y no, no había nadie. Y me ha parecido tan raro que no hubiera nadie aprovechando el solecito y la calma que le he preguntado a la chica de recepción si estaba abierta.
-sí
-... es que no hay nadie.
-ya, están dentro.

Y para mí ha sido suficiente y no me ha dado por darle más vueltas a porqué "nadie" está nadando ahí, con la buena pinta que tiene.

Así que he ido a los vestuarios, me he desvestido, me he puesto el bañador, las chanclas, he pillado la toalla, y he salido anudándome las llaves a los cordelitos del bañador. La puerta corredera que da acceso a la piscina no se me ha abierto, y he tropezado con un cartelito que decía que para ahorrar energía y calor, que el paso a la piscina de verano es por el pasillo (seguir flecha). Pues vale.

Al fondo y dentro del recinto he visto al socorrista, con una pinta de aburrido que no veas. Sentado en una silla y pegado a la pared. Me ha visto venir de lejos y nos hemos saludado. Y al atravesar la puerta entonces sí, he sentido el frío. Se me ha erizado todo y he pensado que nada, que esto lo mejor un chapuzón rápido y a entrar en calor facilmente. He recordado que nunca iba con las llaves atadas ahí, sino que las dejaba en un pliegue de la toalla en una tumbona cualquiera. Y es que desde septiembre que no caía yo por aquí.

Así que me planto en un carril, todo para mí, me coloco las gafas, me tiro al aguaaaaa... yyyyyCOÑÑÑÑÑÑÑOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAAAHHH

...joderjoderjoderjoder....quefríoooooooooooooooo...aaaaaaaaaaaahhhhhhhh....nadapordiosnada...

respira.....cagonlaputajodercño....respira....mierdaredioslaputa....respira....joderjoderjoder.... respira....aaaaahhhhhmemueroooo....respira....memueromemuero....respira...joderjoderjoder...

he conseguido llegar al otro lado sintiendo la piel que me quemaba, y el cuello rígido que me dolía moverlo, y una sensación de vacío en los pulmones como cuando te enamoras, y me he visto incapaz de estar ahí ni un minuto y me he dicho que media vuelta y a la ducha... pero ni eso, a la mitad la cabeza me daba vueltas, me estaba mareando...

guille te estás mareando, para, sal, vete...

paro, salgo, me voy.... el socorrista estaba ahí, que se había asomado a salir a ver qué tal. Y yo me he sentado en el borde y el mundo me daba vueltas, como cuando estás borracho. Respira, respira... y saca las piernas del agua... pero no sentía nada.

Me he secado con la toalla, se me ha puesto la piel roja por todo el cuerpo, pero me he quedado con el frío pegado dentro de las entrañas. He tirado directo a las duchas y al cruzarme con el socorrista nos hemos sonreído... en plan "ahí no me tiraba yo a rescatarte ni por éstas, majo".

Y luego bajo el chorro de agua caliente me parecía que perdía la vida en los dedos de las manos. Me he dedicado a cerrar fuerte el puño, una y otra vez, y a lo mejor me he pasado diez minutos recobrándome. Y por un momento pensaba.. soy yo en la ducha? o estoy imaginándome que estoy bajo la ducha? cómo sé que no sigo en la piscina, flotando mientras me recogen con un palo?

sábado 10 de enero de 2009

Una alegría

Estoy que no quepo en mí de alegría... aunque así muy medidita ella. Y es que siempre he dado bandazos buscando una web de dónde poder descargar partituras de música gratis.

Y me he encontrado con esto...

http://imslp.org/wiki/Category:Composers

Un test

Al salir del portal me protejo de la lluvia encogiendo los hombros, y corro con el paquete enorme en mis manos. Lo dejo en el matelero y al entrar a sentarme no puedo evitar echarle un vistazo a los neumáticos, fofos y desinflados.

Voy levantando rocas, voy puliendo mis murallas. Asiento mi rompeholas ante un océano rabioso. Quiero calma.

Ella pone música de hip-hop, y empieza a cantando letras que hablan de drogas y huidas, y que si fumo eso y que si a mi nadie me controla. Me pide que le pase el donut, porque a mis pies a dejado la bolsa de la panaderia. No, yo no quiero nada.

Con la mano derecha sostiene el donut como si estuviera portando una antorcha, así que arranca el motor con la izquierda, cambia de marchas con la izquierda y sujeta el volante con la izquierda (cuando llega). La derecha haciendo de antorcha.

Yo me abrazo al asiento. Las olas chocan. Calma, quiero calma.

Navegamos por el río de la ciudad buscando la autopista, yo veo un amasijos de hierro contra un árbol, ahora contra un autobús, ahora contra esa valla, ahora contra...

Terminado el donut me pide que le pase el cuerno de un croasant. Yo se lo doy enterito. Se lo come a 120 por la autopista. Y yo veo los surcos planos y agrietados del neumático escupiendo agua a destajo.

Más rocas, más hormigón... vuelve Guillermo, vuelve. Cruzo los dedos mentalmente, miro al frente, pienso que chocaremos con la galaxia andrómeda de aquí 7mil millones de años. Eso sí es chocar. Y no habrá nadie para echarle una foto.

Qué pena. Vivimos en una nube de materia negra y por eso por las noches no vemos...zuummmm... las estrellas joder qué cerca coño con todo su esplendor...

Resisto.

Llegamos. Yo estoy en silencio. No sé qué cosas me preocupan ni cómo ordenárlas si pudiera llegar a palabrerilizarlas. Si se ofende porque llevo media hora callado que se joda, es su problema. Me voy a pasar así siete horas más, lo menos.

Estoy en el ojo del huracán. Durante siete horas sale el sol, veo la tele, me río con una tontería genial y con alguien que se ofende en una gasolinera. Una señora enseña a una mujer que el problema que tiene en su casa no se llama "perro pesado", sino "eres una amargada y te has abrazado al perro como si fuera lo único que te valiera la pena". Como pollo al ast, ya no llueve y salgo a poner a prueba el coche.

Mi padre consume las emociones por dentro. Me enseña a conducir de una forma práctica, libre, pero algo académico a la vez. Apenas me dice nada ni me corrige, pero a ratos se lanza y me suelta cuatro indicaciones seguidas. Más en silencio, más él con preocupación que otra cosa... el día que no le tenga recordaré estas medias horas como un todo.

Eso si no me mato yo con el cochecito antes, claro.

Han pasado las siete horas, o las que sean. Ella ha terminado. Despido a mi padre, el otro día soñé con él y se lo digo pero no recuerdo qué fue ni qué pasaba.

Toca volver a casa, pero ahora ya no hay donuts, ni croasants. Pero tengo calor y me molesta la música. No estoy cansado, ni llueve. Pero quiero silencio. Quiero llegar ya, quiero terminar de.. de.. de estar callándome las ganas de demostrar que no la aguanto ni un minuto. ¿te pasa algo? No, a mí? qué va...

Entonces ella descubre que el retrovisor de su lado baila... le dieron un golpe el otro día... ¿y no lo arreglas?... es que no sabía que bailaba tanto.... y a 120 y a diez metros de un 4x4 se dedica a jugar con el retrovisor.

Calor. Ha vuelto la tormenta. Aguanta... aguanta...

Bajo la ventanilla para respirar. Si quisiera gritar es igual, perdí la oportunidad hace... jamás la tuve... Ella también baja su ventanilla. Qué bien, pienso, refresquemos esto.

Y veo la mujer de los perros y pienso que nadie se salva de vivir cosas amargas, fuera de lugar, estúpidas, donde sería ridículo morir o perderse, pero que hay que ser duro... sé duro Guille... más rocas, más fuerza, calma, calma...

y entonces la veo que ella bajaba la ventanilla para sacar el brazo por arriba y palpar el retrovisor.

Ya la cosa es la polla. Estoy frito, y flipando. Y estoy por decirle si quiere que le aguante yo el volante con un dedo, como hace ella,... y pienso que sería magnifico que nos arrearan un flash por exceso de velocidad y en la foto que salieran las dos manos del conductor recolocando el retrovisor.

Pero mi destino no es ése; terminar entre los arbustos de la mediana. Mi destino es diferente. Porque no he muerto. He sobrevivido otro sábado más. Y aquí estoy. Y no he dicho nada, ni una mueca.

¿Qué tal el rompeholas?
De puta madre.


lunes 5 de enero de 2009

Un récord

Creo que hoy ha sido el día que me han cortado el pelo más rápido. Y bien, nada de estilo militar o de campo de concentración. Bien, el cabrón me lo ha dejado bien. Y me reía pensando que para batir ese tiempo lo próximo debería ser ya sin tijeras ni maquinilla ni nada... vasito de disolvente, cerilla y ale, ¿ves qué majo?

Mientras me miraba al espejo también me reía recordando una escena del tricicle. Llevo un par de noches recordándolos; me pongo un video de ellos para coger el sueño... el del terrific, o manicomic, o slastic. Me gustan los viejos, cuando salen ellos jovencitos. Me lo pongo para dormir pero me provoca tantas risas que al final me desvelo. Pero ya me gusta esa alegría y no me importa acortar una hora los sueños, a pesar de todo.

Ayer me pilló la risa tonta con una escena que ya me sabía, pero es igual... aparece en escena uno que se supone está dentro de un infierno del terror. Pero va sin gafas y no ve un pijo, y sale tanteando el aire y moviendo los pies con cuidado. De un salto aparece un carnicero con aires de asesino maniacodepresivo, con un cuchillo y jersey de lana gordo, delantal sucio de sangre y gafotas, y berrea y se pone a hacer poses. Pero el otro no lo ve. El carnicero da un par de vueltas a su alrededor, echándole el aliento y moviendo el cuchillo en el aire, y se estresa porque su presencia no provoca nada... entonces el cegato arrea un manotazo al aire y le da en las gafotas, se le caen y se quedan los dos así, ciegos. Los dos sin ver nada, y se arrodillan y se ponen a tantear el suelo a por las malditas gafas.. se encuentran, se asustan, se persiguen, se despistan, hasta que encuentran las gafas de nuevo. Pero cada uno la del otro, y al ponérselas se...

-¿ya está qué te parece?
-Joder, qué rapido, nunca me habían cortado el pelo así..


lunes 29 de diciembre de 2008

Un rugido

Pocas veces he soñado que conducía a toda hostia por una carretera. Pero nunca que iba en un lotus (?) y con ganas de no bajar de los 260. Sentía la velocidad, y el rugido del motor al sostener la aceleración.

Que sea sólo un sueño casi que mejor.

Que suceda a pocos días de subir a examen...

Suerte que el certificado médico te lo dan sin preguntarte qué cosas sueñas.

domingo 28 de diciembre de 2008

Unos fantasmas

Durante tres cuartos de hora hemos estado en el coche jose maria y yo, esperando a que abrieran el diminuto bar donde íbamos a tocar "nuestro último concierto"... Era hace tres horas; o sea, de noche, lloviendo, con frío, y él tío desesperao porque estábamos ahí cargados con las dos guitarras y el teclado y veíamos sus amigos pasar a refugiarse a un bar al lado. Pero el nuestro cerrado.

Yo entonces comía bocabits y reía, porque le decía que un buen último concierto es el que no se celebra nunca, y que si se queda toda la peña tirada en la calle tomando cervezas en un bar feo pues siempre recordaran... ¿qué tal el último concierto de jose maria? pues nos dejó tiraos!!... un éxito.

Y mis risas no pasaron desapercibidas porque vino el destino y me jodió poco después. Nada, hace un par de horas.

Estábamos ya puestos, toda la gente ahí, dentro del diminuto bar, hasta mi exjefa que por coincidencias de la vida ahí estaba ella, y los dos flipando ala qué haces tú aquí... estábamos ya puestos y cuatro petardas imbéciles pijas de mierda delante de mí, a dos palmos, gritándose. Una dejando un bolso de mierda encima de mi guitarra acústica, dando palamas a destiempo y gritando a coro la primera canción. Que para algo son amigas de jose maria y se las saben todas de memoria... y entonces va una zorra gorda de mierda y le pega un tirón al cable de mi teclado, y en medio de cuatro notas voy yo y me quedo apagado, desenchufado. Y josemaria sigue y yo miro el cable y lo veo roto, y pienso que no será posible que la muy cerda so guarra ni siquiera se gire para decirme nada. Viene corriendo el dueño del bar, dice si hay arreglo, si puedo tocar el resto con guitarra y no, no sé. No pienso en abofetear la pija gorda sino en como poder ponerme a tocar de nuevo. Jose maria termina la canción, me pregunta qué pasa... y entonces veo que el cable está roto pero que tengo un recambio, en casa claro.

Le digo que tengo que ir a casa, que siga él y yo... y alguien te llevará, dice él. Pregunta, dice. Preguntales, y me señala a la gente, a sus amigos. Que total estaban ahí para ir a ver "el último concierto". Así que le pregunto a uno si él me lleva, uy yo no... miro de reojo a jose maria,... pregunto a otro, no yo tampoco... jose maria se mete por enmedio, ¿tú no venías en moto? lloviendo, no, no, he venido en coche... ¿me llevas?... y va el imbécil y dice ¿con lo que me ha costado aparcar? pilla un taxi...

Y de pronto he visto el montón de mierda humana que me rodeaba, los 40 desgracios lo menos que estaban ahí. Hipócritas todos. Pijos y falsos. Las cuatro petardas que ni me miraban a la cara y seguían con su conversación de gaviota... y el resto ahí, bebiendo cerveza y jaleando a jose maria a que siguiera cantando... mira un taxi, ha gritado uno...

Y he salido a la calle, lo he parado, y le he dicho que para mi casa. Y pensaba no vuelvo, que se jodan todos. Mordisqueaba el conector roto, el pequeño plastiquito negro roto; y masticaba mi asco hacía esa gente... realmente no había un maldito desgraciado capaz de acompañarme? Realmente me tenía que quedar tirado y todos ellos pasandose el muerto como nenes en un patio sacándose las culpas de encima por cualquier gamberrada... yo no, pregunta a ese,... uy yo no, imposible.

Una panda de treintañeros juveniles y desgraciados. Una panda de fantasmas. Y he llegado a mi casa pagando 8 euros que me han jodido más que perder 100. Y he subido las escaleras pensando que su puta madre volverá ahí. Que si tanto cariño le tienen a la música que se jodan. Y que si les importa una mierda entonces más fácil todavía.

Pero como soy imbécil y no sé sudar de la gente he pensado en el pobrecito josemaria, cantando solo, y he pillado el conectar de recambio, el casco, y he salido zumbando.en moto. He llegado al local sin saber cuánto rato habíamos perdido. Ni qué temas había tocado ese por su cuenta. Me he sentado, he arreglado, y la gorda pija decía que había sido su culpa. Pero lo decía a su puta amiga, no me lo decía a mí, a la cara. Le pesaba el collar y las pulseritas de vieja, y hasta el culo, para mirarme a la cara. Ha asumido la culpa como la asume quien le importa una mierda; mirando a la pared... sí, la culpa ha sido mía. Pero la pared no le pega una patada.

Yo casi le doy una. Pero no, que soy un cacho de pan. He sacado mi cara de "moríos" y he seguido el ritmo de josemaria, hemos tocado cuatro o cinco temas y fin. Y yo con mi cara todos, y con ganas de...

Ha venido el del bar, y también Camino, ha decirme que joder, que vaya putada, que no me quede con mal sabor de boca. Yo he dicho que nada, que ya está... he dejado allí el teclado, he pillado la guitarra, y me he ido.

Por el camino del diminuto bar, la exjefa me ha dicho que le ha gustado esta faceta mía. A ella le he sonreído y dado un par de besos, como a Camino, o como el apretón de manos al del bar. Pero basta.

sábado 27 de diciembre de 2008

Una mirada

Las esperas me matan.

Y los días festivos, con todo cerrado, aislado del mundo, cuando no hay nada más excepto cubiertos fríos me matan.

Me metí en la cama a las siete, con ganas de dormir veinte horas y despertarme hoy, con las tiendas abiertas y con cosas por hacer. Y me dormí... y soñé que caminaba por la ciudad llevando una bandeja de comida, hasta la casa de unos conocidos la mar de mona: con una escalera de piedra para llegar a la puerta de entrada. Pequeñita pero cálida.

Pero me desperté de pronto, sudando, muriéndome de calor, y se me abrieron los ojos como si me fuera la vida en ello. Y sólo eran las diez. Y tenía la boca sucia, y quise seguir durmiendo pero no podía. Así que me puse a leer... a leer con hambre... a leer una crisis... y también me puse a leer mafalda y ya en las últimas, a las dos de la noche y despeseperado como un lobo en una trampa, me puse a leer el código de circulación porque pasado reyes subo a examen.

Sí, a mi edad...

pero había la foto de una chica en una motocicleta, sin casco, con una mochila rosa, coleta y pantalones blancos de quilla. Una chola, una Yoli. Y miraba a la derecha, de espaldas. El texto decía si era correcto circular sin casco... pero yo me quedé atrapado con esa mirada. Me imaginé siendo su chorbo, viéndola ahí en el libro, y como buen chorbo sentí celos de su mirada... Yoli, qué mirabas???... y una neurona me gritó vuelve! porque el sueño me estaba trastornando y no me daba cuenta, y no era yo y estaba sintiendo celos de la mirada de una yoli.

jueves 25 de diciembre de 2008

Una cena

Mi tío Enrique me comentaba sobre el amor que puede sentir alguien dentro del útero, o de las emociones,... de lo que le transmita la madre. Y que por eso los hermanos no se parecen ni se tienen que parecer en nada; lo que vivía la madre a cada época es único. Me servía agua en un par de vasos, y yo bebía con la chaqueta puesta.

Antes mi prima Paula me pedía que le aguantara los pies mientras hacía el pino. Y antes nos abofeteábamos las manos en un juego tonto. Y le temblaban los labios de la risa.

Antes habíamos arreglado la locura sin solución.

Antes he mezclado mayonesa con bocas, mejillones, tallarinas, y también arroz con setas y una carne rara.

Antes he sido el esclavo negro del hotel, cargando maletas sí bwana.

Y antes de todo esto dije que quería que pasara rapidito. Y pasó.

miércoles 24 de diciembre de 2008

Un oráculo

La que se va a líar.

Sólo tengo ganas de que pase rapidito. Y volver aquí donde estoy ahora... que hayan pasado las horas como... yo qué se... cómo nubes por el cielo. O como... no sé... o como tragos de agua.

Me podrían encerrar en una caja negra, cerrada, una especie de caja fuerte. Que le pongan un sombrero de papanoel encima y luces y bolas rojas. Y un cartel que diga...

Unos viejos

él: ¿y qué vas a hacer ahora?
ella: voy a comprar la bebida
él: ahora vas a comprar la bebida... te va a salir por un ojo de la cara
ella: no, que voy aquí y me regalan unas latas de paté
él: tienes que ir ahora, no podemos ir luego.
ella: lo quiero hacer ahora, que luego es tarde.
él: Pues vete a comprarlo, andaaaa...
ella: pareces imbécil
él: oye, a mí no me insultes.
ella: mira, ahora lo voy a ir a comprar y además compraré esto otro
él: haz lo que te dé la puta gana
ella: y llama a Inés
él: ahora te vas?
ella: claro, llámala.
él: y un cuerno! la llamas tú si quieres... ¿me oyes?... será tú problema... bueno a ver, toma, el fax, ¿alguna cosa más?
Yo: no, gracias.

martes 23 de diciembre de 2008

Un magnetismo

Voy matando escenas; hoy he soñado que entraba en un fast-food a comer barras de queso fundido. La originalidad de mi cerebro ya decae. Pero bueno, hasta que no vuelva a soñar con el camionero y sus disertaciones sobre lo barato de los huevos fritos...

Para mí que el cerebro tiene dos posiciones. Una de "receptor" donde tragas por los ojos todo lo que te envuelve y las ideas y las experiencias van cayendo a peso, desordenadas y por todas partes. Dura lo que haga falta, y es como si fuera una nevada persistente y plomiza; hay un momento en que todo está cubierto por lo nuevo y pierdes las ideas propias, hasta las ganas de hablar o de explicar cosas.
Luego está la otra posición, cuando las neuronas salen con rastrillos a recoger todo ese desorden, y abren caminos como senderos a lo largo de montañas vírgenes. Se reestructuran las cosas y de nuevo encuentras aquellos convencimientos y esas bases que luego te sirven de discurso, o de forma de interpretar y ver las cosas.

Ahora mismo tengo una neurona robotizada, paseando a lo largo del caos y recogiendo lo que puede.

lunes 22 de diciembre de 2008

Un desprendido

Ayer iba a casa de Carlos, a jugar un rato a la play, a beber cocacola, comer pipas o patatas, tal vez ver el partido del barça, reirnos por tonterías,...

...hay una gasolinera en una esquina, junto a un semáforo. Tal cual te paras a la izquierda. Por ahí es por donde salen los coches, y un cartel ya se encarga de informar que "la entrada se hace por aragón". Una pizarra blanca con letras negras. Alguien escribió con un rotulador finito "... chim-pom"... y cada vez que me paro ahí y lo leo me meo de risa.

Al siguiente semáforo me pasó que sentí algo raro, y de pronto pensaba otra vez que al morir uno ya no pertenece a nada, ni nada le pertenece a él. La NADA.

Pero ya estoy tan acostumbrado a tener este pensamiento, que ni siquiera me desarraiga de nada. No vuelvo a casa a encerrarme en la cocina a asfixiarme con gas, ni me da por arrojarme con la moto contra un autobús, ni nada así. Aunque lo pienso con algo de gracia... "que pasaría si...". Pero ahí se queda. Sigo mi camino a casa de carlos, paradigma de la despreocupación -la casa en sí- y el ocio. Del dejar pasar el tiempo. Del dejar que "algo" fluya sobre la nada como... pues como mantequilla sobre pan.

Y recordé unas palabras del lobo estepario, de hesse, que decía que el lobo convive dentro del hombre, a veces agazapado, como si no existiera. Pero está ahí.

Pensaba en la fuerza que me da pensar así. Si voy camino de la nada, de desprenderme de todo... ya mismo estoy desprendido de todo. Así que puedo seguir viviendo feliz, alegre, riéndome de un estúpido cartel o incluso pasando las noches subrayando libros de principios del derecho civil. Hasta preocuparme por lo que me da de comer, y quedar a comer con la familia...

Pero el meneo que me están pegando los joputas del móvil, eso sí que me saca de quicio... llama aquí, vete allá, espérate, paga eso... el existencialismo y la poesía se le van a tomar por culo a uno.

domingo 21 de diciembre de 2008

Una vez

Hay cosas que sólo salen una vez, la primera de todas. Luego si quieres repetirlo... ya no es lo mismo. Ni tiene el mismo color, ni la misma fuerza, ni suena igual, ni nada.

Así que una forma de admirar, es admirar a esos que sí pueden repetir las cosas como si siempre fuera algo original y espontaneo. Porque en este sentido a mí no me sale; me descontrolo, y me jode una cosa mala.

Unos gigantes

Se había abierto una puerta a un mundo raro, a lo lejos. Y entraban duendes y gigantes. A los gigantes se los veía venir por el mar, largos y feos. Y con las manos empujaban las nubes del cielo.

Los duendes eran como aquel pesao de Harry potter. Con las orejas largas y la nariz en punta. Buscaban a alguien pero no era yo ni nadie que pudiera conocer. Y corrían por la ciudad, de noche, como si fueran perros.

Había una especie de lista, o de contador. Se iban llenando casillas. No sé lo que era, pero de vez en cuando aparecía y estaba "más cerca de terminarse". Hasta que me he despertado.

sábado 20 de diciembre de 2008

Una purga

- A ver, ¿qué traes?
- agua y caldito de puerro, zanahoria y arroz.
- Destino?
-El estómago.
- Buf! Mira chaval... es que ahora mismo... está dificil. Está dificil porque tenemos un lío ahí abajo y no sé qué va a pasar.
- Unos sorbos, por favor, si es para rebajar el dolor de cabeza. Y el caldito está caliente, así se asienta el estómago.
- Dudo mucho que exista algo que pueda asentar eso... échalo va, a ver si tienes razón.
- Unas gotitas...
- Uy que mala pinta tiene esa mezcla, ves, si ya te decía yo...
- Pero qué hay ahí abajo?
- Eso nos gustaría saber. Llevamos unas horas ahí inspeccionando. Pero la cerveza se nos mezcla con ese brebaje raro que se tragó el muy imbécil, y eso amarillo de ahí... de aquí lo mínimo una úlcera.
- Ya sabes lo de las llaves y todo?
- Eh? no, no, yo llevo aquí desde que empezaron a entrar las toxicidades y no me he enterao de nada, bastante lío tengo aquí como para asomarme arriba, por qué, algo gordo?
- Joder... que perdió las llaves, el móvil, la cartera, el mp3...
- ¿Qué dices? Joder, qué fuerte, y cómo fue?
- Ni siquiera lo recuerda.
- Vaya tío. Mira que...
- Ya ves.
- Y qué? cómo lo lleva?
- Ah... bueno... no sé. Normal. Ya sabes, como si tampoco fuera gran cosa.

jueves 18 de diciembre de 2008

Una barra

Carlos me llamó un día, hace ya un par de años, y no me quiso contar lo que le pasaba pero parecía que se le hubiera muerto alguien. Corrí por barcelona como si fuese una ambulancia en emergencia, y cuando me abrió la puerta me lo encontré destrozao.

Ya he hablado alguna vez de esto...

Estaba roto, lloraba, movía una pierna sin parar, y escuché la historia de cómo le acababa de dejar la novia. Como si realmente me hablara de una muerte.

Me pasé una semana jugando con él a videojuegos. Recuerdo uno de carreras con monigotes del mario bros, con mapas tontos de dibujos animados. Hablábamos poquito pero bien, y yo sabía que todo eso era lo que él necesitaba y ahí estaba yo. Arrimando el hombro para levantarle el ánimo lo que pudiera.

Uno de ésos días me encontré con que se había -o le habían- comprado una barra de metal. La había fijado en el estrecho pasillo, de cara al comedor, y se dedicaba a colgarse como un mono. Y se levantaba a pulso. Una vez, dos veces, tres,... seis o siete era un récord.

Entre él y sus compañeros de piso se convirtió en una competición, cada vez que uno pasaba por el pasillo los otros le picaban. Y con la tontería clavaron el record en diecinueve o así. Yo no llegaba a hacer ni una. Lo primero que pensé es que algo así no tendría donde colocarlo yo en casa. Y eso que las barras las venden en el decatlon, y se enroscan hasta quedar fijadas y punto, así de fácil. Pero pueden quedar marcas en la pared, o qué sé yo... que tener en casa un perchero para la ansiedad como que me rebotaba un poco.

...

La he colocado en la puerta de la cocina. No se nota.

miércoles 17 de diciembre de 2008

Un rebote

Hay canciones que las olvido. Y luego vuelven a mí como si hubieran rebotado en las fronteras del olvido. Las recupero, me ponen los pelos de punta, revivo lo que viví cuando las escuchaba, y -como los resfriados- se van.

Ayer pensaba en la ducha que qué curioso es conocer a un desconocido, o que los conocidos se te vuelvan desconocidos.

Hoy he comido lo que nunca había comido en el burguer king. Pero mi cerebro necesitaba azúcar, y grasa, y glucosa, y todo. Necesitaba todo porque me lo he dejado seco. Igualito que el cuerpo; que ayer corría contra viento y lluvia entre sombras y sobre charcos.

Estoy escuchando la de young turks... eran las noches en que mi escritorio estaba despejado, y jugaba al gta; conducía una moto sobre la linea continua de las carreteras interminables del mapa, hasta que entraba de nuevo en trance y me dejaba llevar por el calorcillo de lo anodino.

Como el calorcillo de la ducha, la que me deja la tensión a niveles sanísimos.

Se me han acabao los quicos, las avellanas, las pipas y los cereales. Me compré una remolacha pero resultó ser una col lombarda. Como realmente no sé ni lo que es una cosa ni la otra, la corté, la aliñé y me la comí.

Hoy he soñado violeta.

lunes 15 de diciembre de 2008

Una salud

-¿Fumas?
No.

-¿Problemas de la vista?
(que me operaron de miopia) No.

-¿vértigo?
No.

-¿Operaciones?
(La muela del juicio yo lo cuento como que sí) Otitis.

-¿Problemas respiratorios o de corazón?
(...) No.

-A ver la tensión... ah, perfecto; entre doce y medio y ocho.
(es que vengo de masturbarme en la ducha)

-Ahora viene el médico y te da el visto bueno.
-Gracias.

domingo 14 de diciembre de 2008

Una tarde

Por las tardes volvía muy cansado. Se me cerraban los ojos, tenía hambre, sed. Me sentía sucio y me quemaban los pies, porque las botas me rascaban si iba con unos calcetines demasiado finos. Por eso repetía de un día para otro, porque sólo tenía un par de pares de buenos calcetines gordos.

No recuerdo qué comía. Recuerdo que llegaba a las cinco. Y que a veces me costaba ducharme porque sólo quería sentarme. Puede que me quedase dormido en cualquier momento.

A las seis de la tarde por la tele no hacen nada. Así que comía algo, o me sentaba en el ordenador a jugar al sensible. Un juego de fútbol donde llevaba un equipo con nombres hechos a mi gusto. Puse los nombres de hicks, hudson, en honor a alien 2, y luego algunos nombres alemanes. O nombres con Z y K y H con doble M y pocas vocales. Ganaba de paliza a cualquier otro equipo, partidos cortitos, y las ligas caían con facilidad. Bebía leche fría con colacao.

Alguna tarde me encontraba con los del pueblo. Iba con una bicicleta de color plata. Nos veíamos sin motivo, por que es lo que hay. Porque no hay nada más. Ellos tenían cierto entendimiento, o a mí me lo parecía así. Yo me sentía al margen, y a uno le tenía miedo. Un día me dijo no vuelvas a llamarme "nen", pero yo lo tenía en la punta de la lengua porque era un vicio y le dije vale "nen". Se lanzó corriendo detrás de mí y yo me lancé por una de las calles que bajaban hacía la carretera. Me la sabía de memoría y no me pilló. Y luego tardé unos días en cruzarme de nuevo con él y no pasó nada.

También se habían montado una liguilla de futbol, en uno de los parques, y ahí iban todos y todas. Pero yo había llegado tarde, y ya habían empezado y todo estaba cuadrado. Así que a veces cogía la bici y daba vueltas. Pero como estaba cansado tampoco me apetecía demasiado. Así que realmente no hacía nada.

Es igual. Hacía frío, y a las seis anochecía. Los partidos eran dos tardes a la semana. El resto de días pasaban como si no hubieran existido. Una vez me encontré con... no recuerdo cómo se llamaba... en el supermercado del pueblo. Nos mirábamos distantes, y si hablábamos eran dos palabras y porque la madre de él estaba ahí al lado. Pero nos molestábamos, nos resultábamos incómodos, y tenía una pinta de imbécil que dudo que todavía se le haya pasado.

Aunque unos años atrás no era así.

Una tarde me crucé con alguien, me dijo que había pasado algo, que los demás estaban en la plaza. Y al llegar ahí estaban todos con cara de muertos.

Porque la muerte puede llegar así, una mañana cualquiera, y llevarse a uno cualquira.

Por las noches cenaba con mi padre. Veíamos la tele. Y no recuerdo qué cosas preparábamos. Tal vez salchichas, y espaguetis, seguramente pizzas congeladas, o frankfurts. Con patatas fritas. O tortilla o huevos fritos.

No recuerdo de qué hablábamos, ni si yo entendía las noticias de la tele.

Supongo que él de postre tomaría manzanas ácidas, de las que se deshacen con facilidad, o plátanos. O yogures franceses baratos.

Yo volvía al ordenador, a mi juego, con mis nazis y mis fantasías. Recuerdo que jugaba hasta el punto de entrar en trance. Las luz verde inmutable del campo de juego y los muñequitos pequeñitos por la pantalla me provocaban soñar despierto. Imaginaba cosas.. que hacía los deberes, que aquella me miraría, que a ése no le aguanto una puta mañana más, que no tengo ganas de trabajar, ni de ir al cole en septiembre. También pensaba con emociones. Sin palabras. Pensaba sexo, y muerte, y vértigo. Pensaba delirios y pensaba monstruos.

Me ponía música, siempre. El primer disco de los dire straits, o uno de los rolling stones, o uno de supertramp, lou reed, y creo que un recopilatorio con cosas de los 70. Pero no estoy seguro.

Más tarde me sentaba en una butaca grande frente a la tele, con un puf para las piernas. Me enroscaba en una manta y cambiaba de canal con el pie. Hacía zappin hasta las doce de la noche, cuando yo esperaba que empezase alguna peli porno en cualquier canal. Pero no, aquel verano no engaché ni una sola. Pero mientras duró yo no cedí ni una sóla madrugada, y así me tragué un montón de basura tonta. Y me enganché a una serie malísima y horrible. Una de un submarino americano, en blanco y negro. Con maquetas cutres y monstruos de plástico. Rayos y zumbidos, y estupideces. Los del submarino eran los buenos, y parecían vestir de gris. Eran tíos viejos, con los pantalones subidos hasta el ombligo y peinado con raya.
Al submarino se le veían los cables con que lo movían por la piscina, y las islas eran siempre el mismo plató, con las mismas plantas sólo que con diferentes ángulos. Las historias eran siempre malas, y siempre era una introducción, una chorrada, un colapso, una catástrofe fatal y un final repentino y feliz.

Cuando ya no podía más apagaba la tele, pero entonces no tenía sueño. Y tal vez eran ya las dos o las tres de la noche. La butaca era incómoda, pero ya sabía que el sofá peor. Y no recuerdo por qué no iba a la cama. Intenté ponerme música, pero era imposible. Y a veces me jodía porque cualquier ruido me despertaba cuando estaba por fin quedándome dormido.

Un día descubrí un cd, de dinah washington. El que tiene la canción "mad about a boy". No me gusta el jazz, ni la música negra, ni el swing orquestal. Pero descubrí que un ligero carraspeo de la voz de dinah cuadraba fantásticamente bien con la imagen de mi profesora de inglés del colegio. Amalda, o Amantia o algo así se llamaba aquella pobre bruja. Fea, bajita, regordeta, con el pelo sucio y unas gafotas horribles y pesadas. Y un inglés con acento de Murcia estupendo. Y una mirada inocente y triste, también.

Me la imaginaba a ella en una clase adaptada a la situación, con un micrófono en mano y cantando con una voz maravillosa, sonriendo. La primera canción me calentaba la imaginación, la segunda y la tercera me relajaban, y la cuarta y quinta del disco eran un dueto con un tío. Yo lo que hacía era imaginar que de la clase salía el listo, el de siempre, y se ponía a cantar con ella. Tirándose besos y sonriéndo juntos, hablándose con cariño y con chispa.

La sexta empezaba con lluvia, o algo que me hacía ver una calle oscura y mojada. Nunca llegué a escucharle el final.

Un trabajo

Entonces me despertaba a las cinco de la mañana o así. Me duchaba o no, me vestía con los calcetines de ayer, los pantalones cortos, la camiseta, una pequeña mochila y las botas. Unas botas feas, marrones, de viejo. Eran de mi padre. Y me iban grandes, me sobraba medio dedo de largo. Luego me las ataba fuerte.

La primera vez que me las até, al correr el primer nudo salío una nubecilla de polvo. Aquellos cordones llevaban sin atarse unos años. Y recuerdo que me encantó esa imagen de...

"de sacar el polvo de los cordones al correr el nudo".

No recuerdo si desayunaba. Tal vez un vaso de leche. Ni qué llevaba en la mochila. Ni si me preparaba bocadillo, o si llevaba agua o ropa. Salía de casa corriendo, cruzaba las calles de piedra, bajaba saltando la verja del hotel por el caminito de hierba junto a unas pistas de tenis para los alemanes, cruzaba por delante de la panadería, de una lavandería, y llegaba al parking.

Ahí estaban los demás, y el viejo del ayuntamiento con el plan del día. Hacía uno o dos grupos, subíamos a las furgonetas, y nos íbamos carretera arriba. A veces ni eso; cruzábamos el río y nos poníamos a trabajar cerca de las casas. Las furgonetas eran viejas, blancas, y estaban frías. Subíamos y siempre tocaba hacerse un hueco entre los cuerpos. A veces ya íbamos con las herramientas, otras las recibíamos al llegar al sitio.

Al grandote le daban siempre la motosierra, y a los demás machetes, o azadas, o tenazas o rastrillos. Yo recuerdo ir siempre con unas tijeras enormes. Cortábamos y limpiábamos el sendero de ramas y hierbas. Empezábamos al pie del camino, con cara de sueño y el frío haciendo que se te cayeran los mocos.

El viejo decía pocas cosas; recuerda esto, ojo con eso,... y él mismo nos enseñaba que no había que andar con muchas hostias. A caminar para arriba y tajo al canto cuando algo molestara. Los del rastrillo lo apartaban a un lado y listos. Los demás le seguíamos y al principio era todo lento. Parecía que le estuviéramos haciendo algo íntimo y detallista a las plantas. Si te mojabas la mano te la secabas, y si te acercabas a una hortiga te tirabas para atrás. Y si te llegaba a picar te rascabas, decías joder, dejabas la herramienta al suelo y te mirabas la piel roja.

Luego el viejo pegaba un grito, algo así muy de pueblo, muy de viejo y muy de venga panda maricones. Entonces caminábamos en serio, trabajando en silencio y subiendo el sendero. Cada vez te mojabas más porque todo estaba húmedo. El frío te atenazaba las manos, y los guantes no abrigaban. Sólo servían para evitar los arañazos y los desgarros. Eran amarillos. Nuevos. Pero al cabo de un mes parecían un trozo más de tela vieja y sucia.

Aún no había salido el sol por encima de las montañas de atrás que ya habíamos subido bastante. Y si te girabas podías ver la carretera resiguiendo el río, abajo, y las furgonetas como si fueran de juguete, pequeñas. El grupo ya estaba estirado, se escuchaba la motosierra arriba, de vez en cuando. Y el crujir de las ramas, los pasos sobre la tierra húmeda y dura, el ruido de las hojas como cuando el viento las zarandea, el rastrillo, y a veces alguna pequeña charla sin fondo. La humedad le sacaba olor a las cosas; los guantes a piel, los tallos a clorofila, piñas, resina,... verde. Olía a verde.

A veces escuchabas el rumor de un ruido como si arrastrases cosas sobre hojas secas. Era un río a un lado. Y no lo veías. Estaba oculto entre todas las cosas. Y parecía que tuviera que estar cerca, pero luego alguien explicaba que no, que ni mucho menos.

Y pájaros.

Una vez me paré a mirar el valle, porque se veía todo; la carretera abajo perdiéndose detrás de una curva por la ladera de una montaña. Y más al fondo se recuperaba y veías un poco del pueblo. Entonces se iluminó la cresta de nuestra montaña porque el sol despuntaba ya. Y como si fuera una alud, la luz del sol caía hacia nosotros con velocidad, hasta el viejo se paró a mirarlo. La frontera entre la luz y la sombra era perfecta, muy definida. Y antes de poder pensar nada cayó sobre nosotros y el sol salió por encima de las montañas de atrás.


sábado 13 de diciembre de 2008

Un puente

Ya puedes tener una finca de 592mil hectareas, montar a caballo, encontrar petróleo, proteger y amar como un chalao... que para ser un héroe y un gigante tienes que sucumbir a una paliza en una cafetería, y caer entre un montón de platos sucios y lechuga.

El miércoles fue el segundo día más esperpéntico de mi vida. Realmente sólo abrí la boca para decir dos palabras. Pero me pasé dos horas -y más- con un temblor de vergüenza dentro del cuerpo. Que todavía perdura. Y que no creo que se me pase con facilidad.

Pero la semana no ha estado tan mal... ni el mes...

excepto por los mosquitos. Entran en formación de noche, de seis en seis. Cada uno con su misión y objetivo. Sueño que se me cuelan debajo del edredón, y que me pican las piernas. Me despierto abofeteando al aire, o porque me doy una leche en la oreja. No sé.

Tengo un reloj que se me para. Tengo que darle cuerda, pero no dura más de un día. No sé si es normal. Cada vez que lo miro está parado.

Hoy he vuelto a soñar con el mar. Y habían unas plataformas raras, como de metal, encima del agua. No sé si hacían un puente. Era como algo pesado que aguantaba sobre la superficie, que no se hundía. Dirías... se tiene que hundir. Pero ahí estaban.


domingo 23 de noviembre de 2008

Una muda

Entonces se me pasan las ganas. Estoy ahí tan tranquilamente haciendo algo, viviendo algo, y es como si de pronto me dejase de apetecer. Es una gran desgana, o apatía. Y poco a poco me siento incómodo y molesto y hasta me apetece un silencio terrible y no volver ahí.

Entonces si no tengo valor para dejarlo, me puedo quedar con una cara de contradicción que es canto a la alegría de lo más simpático. Así todo gris y enfurruñao. Y las palabras que me habla la gente me tocan pero rebota y explota chincha chincha...

Es como si el peso de mis 1400gramos fuera de plomo. O como si todas mis neuronas estuvieran discutiendo a la vez sobre algo que no se ni si me viene o me va. Y a veces ni siquiera sé exáctamente lo que está fallando.

A lo mejor es que no falla nada y simplemente mi otra voz me está diciendo que eso no me toca vivirlo, o que no me apetece.

A veces me pasa que cuando consigo algo dejo de apreciarlo. Y entonces me olvido de todo lo que sufrí para conseguirlo. No sé... le podría llamar... la tontería por falta de oxígeno del que sube a la cima. Se vuelve imbécil por culpa de la asfixia y se cree que llegar ahí ha sido un pasito de nada. Cuando en realidad ha dejado un reguero de accidentes y desgracias a su paso.

No sé... a lo mejor es que tengo un venazo de autodestrucción... o de nihilismo... o de desapego...

Y ahí, cuando no me apetece nada, vuelvo a los orígenes. Vuelvo a mis soledades, a mis tonterías, vuelvo a cepillarme los dientes ocho minutos distraido con la música, sentado de espaldas al espejo. O me olvido de si al café ya le he tirado azúcar, o si ya lo he calentado en el microondas o no.

Lo peor de estos días así, de "voces"... de "asfixia"... es que buscando la crisis del seísmo me vuelvo torpe, gandul y bobo.

Y además que cuando se da un golpe de estado cerebral, y una neurona nazi toma el poder durante unos días, como le de por quemar cositas... la que se va a liar.



domingo 16 de noviembre de 2008

Un cristo

Tenía que llegar ahí con una hora de tiempo, para calentar.

Pero me hice un poco de pupa en el tercer dedo de la mano izquierda (cuentes por donde cuentes siempre llegas al mismo!) y entre que me pongo la tirita y que pillo la guitarra y que va la guardia urbana y me corta la gran vía... pues llego a las salas que al entrar el grupo salía.

Vamos, por los pelos.

Y entonces ya hemos ido directos a la sala, y yo he calentado ahí, haciendo la prueba de sonido. ¿te oyes? y yo rasgando la guitarra. El jurado al fondo, a oscuras. Y david me dice si empezamos con el tema del piano o el otro. Le digo que no cambiemos las cosas, que estoy calentando los dedos que tengo las manos helás...

y voy al piano, y hago plink plink, y digo que me oigo bien, y se hace silencio, acaban de entrar los que nos escuchan que no sé quienes son, todos ahí sentados en sillas. Y al fondo sólo se ve la lamparita del técnico de sonido que nos da el "ok".

Y david empieza con la guitarra y yo que me miro el teclado, y llega mi entrada y me pongo a hacer tiquitiquitiqui pero los dedos van a su bola y estoy haciendo las notas un poco diferentes a como las hago siempre. Y nuria y sara que entran en su marca y el tema ya está en marcha, la música ya suena como si fuéramos en un tren. Y llega ese trozo que a mí no me salía pero lo hago fácil, sin complicarme la vida.

Y termina.

Y me levanto y voy a la guitarra, le doy volumen, y habíamos dicho de empezar a nuestra puta bola como improvisando pero se nos mete la seriedad en el cuerpo y yo sonrío pero porque estoy nervioso. Tocamos, rasco, no me duele el dedo, en algún momento me he sacado la tirita y mientras toco pienso que dónde la he dejado. Me estoy despistando pero se nota el ensayo y todo cae en su sitio, las notas van en su orden. Y silencio. Y todos a una entramos en el estribillo. No me entero de nada que hemos terminado.

Cuatro palmas, ponen música de fondo, y recogemos porque ya suben los técnicos a dejarlo todo listo para el siguiente.

Somos 35 bandas y 6 pasan. El premio no sé si eran 1200 euros. Habíamos hecho una coña sobre qué hacer con ese dinero pero no lo recuerdo.

Nos sentamos a escuchar los siguientes y sube un tío que toca de puta madre. Pero sus letras son un poco raras. Eso sí; canta en castellano y mi teoría es que si cantas y la gente te entiende les das la oportunidad de que si no le gusta la música pues, joder, al igual le gusta la letra. Pero david siempre me dice que se sentiría muy raro cantando en castellano... yo opino que porque es más fácil estar wachigueiiiii aiiiluoofff siiii in deee escaiiii...

Luego suben unos con unas pintas que dices joder estos deben de tocar de puta madre. El tío de la guitarra con pinta de sevillano flamenco, con un reposa pies para dejarse la guitarra a la altura y todo. Y empiezan a cantar un rock flamenco català... yo flipo... y luego un rock en inglés. Con unas voces de pena... lo siento pero una pena...

y luego apareció cristo. El mismo. El de la cruz: un tío alto, delgao, con pinta de intratable, y dedos largos y fuertes. Y le acompañan tres brasileños pero cristo pilla el bajo y el solito se lo merienda todo. Todos los fraseos, todas las marcas ritmicas, todo, todo, todo pasa por sus dedos. Los otros tienen pinta de recién sacados de una playa de opio de ibiza.

Y david me cuenta un chiste sobre un negro de la cia que se quiere ir de infiltrao a la ETA, y yo que me meo de risa.


martes 11 de noviembre de 2008

Un rellano

Las nueves casi y cuarto. Y hoy no tengo prisa. Se me ha vaciado media mañana de golpe, y me estoy tomando las cosas con calma.

El café con calma, destender la ropa con calma, desperezarme con calma.

La calma es el chapoteo de un mar tranquilo contra las maderas de unas barcas.

No es poesía barata, es que hubo una mañana muy temprano que estaba yo tomándo un café con una catedrática de lingüistica en una playa de la costa brava. Ella me hablaba de su marido, y yo de lo mal que explican las cosas alguna gente. Pero nos callamos porque el mar nos llamó la atención: parecía un espejo. De aquí al horizonte ni una ola, y todo tranquilidad. Las olas apenas levantaban dos dedos, y hacían chap chap.

Parecía que pudieras echar a patinar por encima.

Bueno, eso es lo que hacen ahora mis neuronas; patinar. Se pasan el día patinando.




jueves 6 de noviembre de 2008

Un automatismo

Cuando el piloto está en automático vuelo a velocidad constante, y los días pasan como las gotas de la cisterna del lavabo. Como una hemorragia lenta pero imparable.

De la cara me duelen los ojos y las mejillas. Por la falta de sueño y el exceso de alegría matutina.

De los pies me duelen los dedos. Porque el frío los atenaza y todavía no sufro lo suficiente como para ir a correr con calcetines de esquí.

Las piernas a veces,

la espalda casi siempre.

A velocidad de crucero se me pasa un concierto con sus más y sus menos. Los cafés no dan tiempo a enfriarse cuando se calientan, si es que da tiempo para calentarlos.

Y si hablo es porque me pinchan, o me preguntan, o me incitan.

Me salen las palabras por los codos, y luego callo.

Y los sueños... ya ni te cuento. Se me está desmadrando la fantasía una barbaridad.

Si no fuera porque tengo el rumbo bien fijado ya estaría en una isla desierta. Recogiendo los restos del accidente que me deja la marea de la noche en la arena de la playa. Aprendería a hacer fuego, bebería leche de coco, y me montaría unas mariscadas a la luz de las estrellas que pa qué.


lunes 27 de octubre de 2008

Una paciencia

A las nueve y media de esta mañana estaba yo sin afeitar y ni siquiera tenía cuchillas en casa. Calculo que llegar hasta el super y hacer cola y todo no sale a cuenta, y que mejor me compro las cuchillas aquí abajo, en el badulaque,... en plan emergencia.

Al bajar me saluda el indio ese que no habla ni español, ni catalán, ni inglés, ni nada que yo comprenda excepto balbuceos. Y me saluda tirando el cigarro al suelo y haciendo un gesto con la mano, como si llevara media hora esperándome. Se acerca y me enseña un recorte de periódico; una noticia que habla de que no sé quién está pensando en dibujar un campo de cricket, pero que no saben si en Montjuic, o qué, y eso.

Le sonrío, me meto en el badulaque. Las cuchillas valen 3 euros, me parece que no mucho más de lo que en el súper.

Al ir a pagar el tío me sigue señalando el papelito y me dice "dónde"?... y yo le digo que no sé sabe. Él me mira con los ojos abiertos esperando más palabras. Y yo insisito "que no sé sabe... que no...".

-¿No cricket?
-Sí. Cricket sí,... pero más tarde.
-¿No cricket?
-Aún no.
-Sí (señala el papel).
-Sí... sí... pero... "later"...
-¿Montjuic?
-Tal vez...
-...
-Tal vez... "may be"...

Le pido un boli y le escribo "may be" en el papel. Se lo mira todo extrañado mientras le doy un billete de diez euros. "Ya está" pienso...

-¿May sixth?

El muy burro lee el "be" como un "6e". Me pongo a bailar inglés moviendo los brazos... hago gestos estúpidos como tocarme el reloj de la muñeca, que no llevo, y él se me queda mirando los pelos. Luego hago el universal gesto de "después", pero me mira como si hablase de una embarazada.


Él pavo a lo suyo, balbucea y entiendo que juega a cricket (yo cricket), y hace el gesto de anotar algo.

-Yo ... clavo.... - me dice. - Yo... (gesto de anotar) ... clavo... cricket.

De puta madre, tío, pienso. A los dos segundos lo pillo: se quiere apuntar en un club para jugar al cricket.

-Un club.
-Un clavo.

Para apuntalarte será...

Al final he desistido de todo y asentía la cabeza nada más. Si lo he entendido bien, esta tarde se va a Montjuic a buscar un clavo de cricket. Por ahí andará ahora.


domingo 26 de octubre de 2008

Una erupción

Aquel volcán no sabía si convulsionar el mundo en un rebentón de lava descomunal,

o hundirse en el océano a ver pasar las ballenas como si fueran aves del crepúsculo.

Un gallino

Esta noche me han perseguido unas algas asesinas dentro de un gallinero, y tenía una harley aparcada afuera.

Ayer me dijeron que éste es el principio del fin de "la veintena".

Pero no escuché mucho más porque ayer todas las conversaciones sonaban entrecortadas.

Ayer llamé a David, Sara y Nuria para ver qué tal les iba adelantar el ensayo...
David: De puta madre tío.
Sara: A las cuatro, vale!
Nuria: Ah... i... es que... bueno jo... hauria de... i a les quatre i mitja?... i per què?... ah bueno, si es això doncs a les quatre... a les quatre i mitja no, a les quatre...

Se adelantó la hora pero yo ya dormía.

sábado 25 de octubre de 2008

Una música

Un insistir

Ella: Eso sí, te ruego... que me hagas un favor, un favor muy grande.
Él: ¿Cuál?
- Que desaparezcas de aquí en seguida. Vete muy lejos. No vuelvas a acordarte de mí. No nos compliquemos la vida; guardo muy buen recuerdo de nuestro encuentro. Es todo lo que puede haber entre nosotros. Un agradable recuerdo. Y ahora, por favor, adiós... buena suerte... no digas nada y vete.
- ¿Ahora mismo?
- Sí
- ¿Sin preguntar siquiera?
- Eso es.
- Esto no puede quedar así.
- Por favor...
- Después de cenar.
- Ahora!
- Después... lo que es justo es justo.
(sonríe) - de acuerdo.

Qué majas que son las películas.



martes 21 de octubre de 2008

Unas patas

Estoy yo en una silla gigante, de madera y cuatro patas. Me cuelgan los pies y el suelo está abajo, a unos buenos metros. Tengo los codos apoyados en una mesa también gigante y estoy mirando libros.

Entonces escucho un rakkkkrakkkkk y miro abajo y veo a mi hermana serrando una de las patas.

-Oye, ¿qué haces?
-Nada, que me voy.

Y entonces le digo que si me va a serrar la pata que genial, pero que si eso busque a alguien que me la recoloque. Digo yo que para no quedarme cojo. Me dice que vale. Le digo que pregunte yo qué sé... a Diana, nuestra tía.

-Me voy a dormir, mañana te digo qué me contesta Diana.
-Ves ves...

Y me paso toda la noche en la silla, agarrao a la mesa. Sintiendo que al mínimo movimiento la pata cruje, y no se quedará coja, sino que me iré al suelo y me mataré, ya verás.

Llega el amanecer; pasa la mañana,... estoy con mi madre y mi hermanita (la pequeña) comiendo en un tailandés. Menú de 16 euros. No es bonito, más caro que el atún, pero ta bueno que te cagas y es una pre-felicitación-de-cumpleaños.
Me suena el móvil.

-Diana dice que "sí".

Respiro.

domingo 19 de octubre de 2008

Una frecuencia

Me contaron que el aleteo de los mosquitos provoca un zumbido... un "la". Y que si te pones a tocar un "la" estos bichos de mierda se sienten atraídos y van, porque reconocen a los de su especie o vete tú a saber qué.

Así que el próximo paso para batallar contra estos hijos de puta será comprar una trompeta y tocar un "la sostenido" durante un ratito antes de irme a dormir.

Una trompeta bien grande, joder, como la de los romanos cuando avanzaban sobre los bárbaros o algo así.

jueves 16 de octubre de 2008

Un madrugar

Me subo a la moto, la pongo en marcha, planto los dos pies en el suelo para quitarle el caballete y...

...apago la moto, quito las llaves... y me voy de nuevo a casa a buscar el casco.

miércoles 15 de octubre de 2008

Una tecnología

El Lunes comía con mi padre y mi hermanita.

Hablábamos de soñar, y descubrí que mi padre sí sueña. Nunca se lo había preguntado hasta ahora. Pero sus sueños son sobre coches. Me explicó que sueña con el mercedes que su padre malvendió; llega a una tienda de coches en el pueblo de su infancia, y uno que le atiende le reconoce y le enseña ese montón de hierro viejo en un rincón. Dicen que no lo saben poner en marcha, que esta roto, que se lo dan por nada.
Y él lo coge, le echa unos litros de gasolina y lo pone en marcha.

No sueña con olas, ni con volar, ni con hacer cosas adelante y atrás en el tiempo, ni complicaciones ni ná. Él está con el coche ese.

Un día fui al piso de Terrassa, donde vive con su pareja. En una de ésas me dijo "Guille, ven!", y me llevó al cuarto donde duermen como para enseñarme un secreto. Yo ya me veía apartando la mirada de fotos guarras, o el tío explicándome las maravillas de un anillo vibrador o qué sé yo,... pero no: al abrir un mueble que tienen junto a la cama me encontré con toda una colección de cochecitos...

-Y Lidia no se asusta?
-Pues no.
-...

Este Lunes estábamos comiendo y mientras recordaba esto y él seguía moviendo las manos sobre un volante imaginario, yo me ponía aceite picante sobre la pizza.

-No te pongas tanto que luego... almorranas... úlceras...

No tuve tiempo de decirle que yo no soy como él por mucho que nos parezcamos, que en casa no tengo mostaza, y que el tabasco no me lo bebo como uno que yo me sé. No tuve tiempo de esto porque recordé, como una hostia, un día en su piso que confundí el tubo de almorranas con el de pasta de dientes. Y sólo me di cuenta de la confusión cuando me llevé esa pasta a la boca y me extrañaba porque no hacía espuma.

Se lo dije, y se empezó a reir. Y va el muy cabrón y dice ¿sabéis lo que os hacía cuando érais pequeños y estabais resfriados?

Mi hermana y yo callaos.

-Os ponía un poco de la cosa esta en la nariz para que os aliviara.



lunes 13 de octubre de 2008

Un compartir

Pues en casa la mia mama están haciendo obras, y la mía petita hermana se ha quedado sin habitación. Este sábado me preguntaron si sería mucho problema que la nena y sus 17 añitos hiperactivos se vinieran aquí, a mi santuario, a mi casa, durante el mes "o más" que duren las obras.

Yo dije que bueno, que si no había más remedio que pues claro.

Así que he estado limpiando la casa, haciéndole hueco en el armario, y dejando las cosas ordenadas para que ella, sus cosas, quepan por aquí. Aunque le va a tocar dormir en el sofá.

Estos dos días ella, mi hermanita; Clarita, para mí, estaba la mar de contenta. Yyyyyy me voy con el Guille, decía ayer con la sonrisa de oreja a oreja, comiendo patatas en la comida dominguera. Y yo miraba a mi madre y le decía "esta se piensa que se va de vacaciones... pues va a flipar".

Pues vaya si ha flipao.

Ha llegado a casa y se lo ha encontrado todo bastante más limpio y ordenado de lo que suele ser cuando estoy yo a mis anchas. Y ha ido dejando cosas aquí, y allá, donde yo le decía, mientras mi madre nos ayudaba y decía que qué pena no podernos grabar en video estos días. Entonces Clarita me ha dicho "tira esto" arrojándome una revistilla que le sobraba, y también "pruébatelas" mientras me ponía unas gafas de sol. Todo dentro del mismo minuto. Yo le he plantado mi cara de frío, de mármol, y por su cuenta ha tirado la revista y se ha ido a bromear con las gafas a su madre.

Y entonces he cogido una hoja en blanco, he escrito los días, y he trazado las columnas que dibujan un "planing"... no he tenido tiempo para más, porque los 17 años se han ido a sollozar a los hombros de la mama.

Ahí se ha enterao que esto no es una fiesta.

Yo no he tenido tiempo de decirle que sólo quería preguntarle qué le apetecía comer, para ir a hacer la compra con un poco de idea. No quería nada más. Pero mi cara de mármol, o de frío, parecían haber escrito muchas más cosas en esa hoja.

Ahora se ha ido a la autoescuela, ya se ha calmado. Aunque no hemos hablado nada. Dice que se irá a comer a casa de la mama, esa a la que tanto le gusta criticar. A ver si se entera que tiene una suerte de madre que no se la merece.

Y yo no le diré, al menos de momento, lo feliz que estoy de tenerla por aquí; de pensar en cocinar para ella, y que me acompañe para ver alguna peliculilla en esas horas que sembraban mi soledad.

Unas canciones

El 30 tenemos concierto, y hoy nos hemos pasado cuatro horas ensayando como unos animales...

por orden de caída el plan es el siguiente;

Strange days, the doors
jumping someone else, the cure
handsome devil, the smiths
fire, de otro grupo de los 80
I will follow, U2
I wanna be your dog, iggy pop
Negative creep, nirvana
Welcome to the machine, pink floyd
Una nuestra que yo llamo Dip in mai jart
Otra nuestra que David la llama Driim
Light, de los editors
Love buzz, nirvana
love will tear us apart, joy division
Otra nuestra que David la llama tuenti mails
Otra nuestra que Nuria llama Neiqued main
Tourrette's nirvana

y creo que 50 minutos no da para más.

Y yo estoy desaborío, porque pensaba que sería en un sitio grande y no; será en el centro de siempre donde yo no he visto a más de 50 personas. Y pensaba que tendríamos toda la noche para nosotros y no; después tocarán unos ramstein a la catalana.


sábado 11 de octubre de 2008

Un constructor

...de líos: Yo creo que mi vocación es la de laberintólogo.

...de sueños: Y las olas de Vigo subían en vertical y caían a plomo, dejando charcos de sal.

...de sudor: Y hoy hace cuatro meses que me puse con lo de dármelas de deportista. El cenit fue correr los 10 km de la Mercé, que luego me pilló un resfriado y descansé cuatro o cinco días sin hacer nada. Ahora he vuelto a recuperar el ritmo; salir a correr 3 veces por semana, y en todo caso no estar más de 48 horas sin pisar el gimnasio.

...de pasos atrás: He descubierto que es mejor ir a correr sin música, en silencio.

...de gula: He descubierto que -si lo tengo en el armario- engullo un pote/bote de nutella en dos semanas.

...de apatía: Y ayer la jovencita lesbiana me llamó; que yo nunca la llamo, que a ver si salíamos, que teníamos pendiente la partida de cartas y probar un cubata de no sé qué. Pero no me apetecía nada, le dije que no. Me chantajeó con hacerme un pastel de queso... pero ayer ni con ésas.

miércoles 8 de octubre de 2008

Un vestuario

Un muro de piedra cerca la playa, y yo sólo encuentro un rinconcito libre para mí en un extremo. Hay tanta gente que no cabe nadie más. Yo llevo algunas cosas en una mochila negra, el mp3 y no sé qué más.

Estoy mirando al mar y la gente grita, y veo venir una ola por encima de las demás. Se come la playa y llega hasta el muro, y ahora parece que esté en una piscina. Me he podido poner de pie, y el agua me cubre hasta las costillas, pero sé que no todo el mundo a podido hacer igual. Yo me he preocupado de salvar lo posible, y así estoy; sosteniendo por encima de la cabeza el mp3.

Trepo el muro y veo cómo el mar lo cubre todo. Hay gente nadando, y me da por mirar qué hay debajo de la superficie; meto la cabeza y veo a gente flotando en vertical, con los pies enganchados en la arena. Parecen plantas meciéndose con la corriente. Veo también un abuelo desnudo arrastrado adelante y atrás, está entre los hierros de una barandilla que había por ahí; y si no lo ha matado el estar debajo del agua, lo estarán matando los golpes contra el metal.

Luego estoy mirando fotografías... son la secuencia de algo: están tomadas desde una carretera y algún coche pasa por al lado. Un poco más adelante, sobre el asfalto, está David y un grupo de gente mirando y señalando a la izquierda: al otro lado de un lago, o de una entrada del mar, las fotografías muestran una explosión en una ladera de la montaña. El día es claro, y las nubes de polvo son rectas y pulidas. Alguien dice que era un meteorito. Y siento que yo estoy en la carretera, justo en ese momento, pero parece que prefiero ver las fotografias porque no sé levantar la mirada de ellas. Y eso que creo que lo intento.

Entonces aparezco en un "vestuario". Es una habitación donde la gente que toca en unos locales de ensayo "viste" de nuevo a los instrumentos en sus fundas. Sé que he terminado de tocar con la banda, y tengo una guitarra entre manos. Alguien se pone a tocar algo rítmico, como un tambor. Y yo me pongo a acompañar con la guitarra. Y más gente alrededor se pone a improvisar. Suena de maravilla.
Y entra el dueño de los locales. Dice que no podemos hacer música ahí, que se le quejarán los vecinos, que para eso están los locales de ensayo y que sólo es el vestuario.
Pero lo dice sin convicción, y de pronto le leo los pensamientos y sé que está preocupado: ¿cómo puede pedirnos que dejemos de hacer música si él no sabe hacer música? No se atreve a decirnos de verdad que paremos porque piensa que nosotros, los que sabemos música, nos iríamos a otra parte a montarnos nuestros propios locales de ensayo.

Pero parece que le hacemos caso, y nos callamos. Y me despierto.

Pd: Este está complicao eh... o no?


martes 7 de octubre de 2008

Una autoestima

Ayer por la noche estaba a punto de salir a correr que me llamó David. Me quería explicar cómo ha sido su primer encuentro de teatro, que se ha apuntado a un grupito del barrio porque tiene delirios de actor, pero en lugar de seguir hablando por teléfono le propuse vernos...

-te acompaño mientras paseas al perro.
-ah, pues vale.

Me puse los pantaloncitos, las bambas, y me tiré a la carrera por las calles hasta encontrármelo a los pies de Montjuic con su perro y el de su "amiga".

-¿Ella está de viaje?
-No, es que así juega con el mío.
-Ah, fíjate.

Y ahí nos pusimos a caminar hacía arriba. Y me explicó que tiene la autoestima tan baja que siente que no se puede relacionar con la gente, que enseguida se hunde en la miseria porque se siente mayor, o viejo, o como que ya no llegará a nada en su vida. Y que tiene la nariz enorme, y que no mide metro noventa, y que su padre lo machacó en plan competitivo toda la vida; y que su madre jamás le ha reconocido sus virtudes; y que si nunca antes en la vida había tenido las narices de cantar en un grupo era porque cree que canta fatal.

Y yo le habría ido cortando cada dos minutos, y la verdad es que en algún momento era para pararse a hostiarlo a la luz de una farola. Porque si fuera de ésos de los que no salen de casa, que no tienen pareja ni perro, que no hacen nada en su vida, y que son incapaces de salirse del caparazón de la casa de sus padres en Vigo, aún.

¿Pero él?

Se compara conmigo como si yo fuera la leche; que si yo sí soy guapo, que si yo sí toco de maravilla, que si yo no sé qué.

Ahí sí le freno porque me vienen ganas de pegarle de verdad. Le digo que yo vivo y no me cuestiono las cosas que hago. Que si viene alguien y me dice guapo pues vale, pero si no me lo dicen pues igual. Y lo mismo para todo.
Le digo que no debería mirarse tan de cerca, que cuando te ves excesivamente al detalle todo es cuestionable,... pero ya le estoy aleccionando y me callo.

Le escucho, le explico mi vida, y cómo yo he hecho frente a esos momentos en los que te comparas injustamente con Brad Pitt, o con Validimir Horowitz, o con Mark Knopfler, o con mi padre, y se me hude el ánimo a lo titanic.

Llegamos hasta arriba de montjuic, y cortamos la conversación porque se pone a hacer flexiones en un banco... el cabrón está fibrao como si se hubiera pasado la infancia haciendo atletismo. Y que así fue, me explica. Y luego me explica cómo hacer abdominales, y me pongo ahí a hacer series como si fuera un entrenador personal.

De pronto volvemos a hablar, y caminamos de vuelta. Los perros -el perro de ella es una rata canina- se nos escapan a por comida de gato que la gente esconde entre los matorrales. Y al final me está hablando de tantas cosas que ya pierdo el sentido de todo y se me desparraman los conceptos por el suelo. Me explica que la crisis le ha venido porque en el grupo de teatro ha sentido que él no tiene talento.

-¿Y en dos horas, las dos primeras de tu vida, que dedicas a eso ya puedes decir que no sirves?
-Ya, claro...

Llegando a su casa me dice que soy un amigo, que está muy feliz de tener el grupo de música, de cantar aneurysm, y de haber encontrado a la pequeña Sara...

-es lesbiana.
-ya decía yo; con esos pelos y tocando el bajo...

Y se despide de lo más feliz, gritando a los perros y que hasta el miércoles. Y que a ver si me aprendo strange days de los doors, o el golden brown.

Y yo, sin pensar en nada, me lanzo a correr otra vez hasta no poder más.


lunes 6 de octubre de 2008

Un resoplar

Pues vaya.

Pues David me ha dicho que los del videojuego del móvil han tenido éxito. Que les han comprado el jueguecito y que están la mar de contentos. Y que al final han puesto una canción de Metallica.

Y yo a morderme las uñas.

Todo fue porque tenía dos días para hacerlo y no pude encontrar un programa de audio para hacer el trabajito en el formato que ellos querían...

-necesitamos que sea en general midi.
-pues no sé si podré hacerlo, yo nunca he trabajado con eso; en wav o mp3 no sirve?
-no, lo mejor es que sea midi.

Y lo que hay que ver. Resulta que ese "lo mejor" llevaba implícito un "si no hay más remedio nos quedamos con lo que tengas".

Ese fin de semana me lo pasé preparándome la cursa de 10 km y buscando programitas de midi. Pero no hice ningún plagio de ningún tema de Metallica. Así que me llamaron el domingo por la noche... ¿lo tienes?. Pues no, porque no he podido encontrar cómo hacerlo en midi.
-Bueno, pues danos lo que tengas...

¿Perdona?

Y ahí se terminó la historia. De pronto yo tenía seis años y le estaba diciendo a alguien por teléfono que no había hecho los deberes. Se quedaron sin mi música, y yo sin el placer de vivir de ello por un día.

Hoy me ha llamado Wifredo, un bajista con el que toqué en un grupo de R&B (lo recuerdas Ivan?: http://www.youtube.com/watch?v=YdJ8NukI6Fg), que está haciendo música para un documental de animales, y que conoce un tío que hace virguerías de sonido para gente muy conocida. Y que buscaba a alguien para hacer instrumentaciones en plan clásico y no sé qué leches...

-Guille, ¿le doy tu contacto?
-Sí sí... que me llame...

A ver cómo lo dejo plantado a este...

Un halago

- Hoy he soñado contigo.

sábado 4 de octubre de 2008

Un insulto

-... maldita sea... eres un puto gilipollas... ¡¡Acabas convirtiendo todo en una parodia!!

Una dedicatoria

video

http://www.youtube.com/watch?v=4KlwyP40bwQ

jueves 2 de octubre de 2008

Una dureza

- ¿He hecho bien, Sam, diciendo lo del bar de mariposas?
- Muy bien, Rita. Mordieron el anzuelo los infelices. Que piensen que soy marica! Mientras sospechan de mí a uno de ellos se le van a caer los pantalones.
- Sam... por qué tienes... tantas revistas de hombres musculosos desnudos en la oficina?
- Sospechosos! Siempre busco sospech... ¿Qué es ese tic-tac que estoy oyendo?

(pasan una nota por debajo de la puerta)

(lee): el tic-tac que está oyendo es una bomba que hay en su habitación y que estallará a los treinta segundos. Firmado: el asesino.
-Deprisa Sam, la puerta!
-... posdata: he echado la llave.... ... lo siento muchísimo nena, y con todo el dinero que te debo...
- No te preocupes Sam, ¿qué vamos a hacer?
- Tengo una idea! No sé si dará resultado o no... rápido: ponte de espaldas.
- Ya estoy de espaldas.
- Pase lo que pase, no te vuelvas.
- Pero Sam... si algo sale...
- Haz lo que te digo, nena!
- Bueno Sam.
- Bien.. porque me voy a echar a llorar.



Pd: Ayer en el ensayo la duende bajista dijo -de pronto- que con toda la pena del mundo que se moría de calor y que se iba a quedar en sujetador. Nuria calló, pero los ojos fuera de las órbitas decían noserácapaz. David gritó que los pantalones también. Y yo le dije que la acompañaba y me quité la camiseta también.
Luego en un momento se me salió la cinta de la guitarra y se me fue de las manos; cayó plana al suelo en un golpe seco. Pero como no es la primera vez no pasó nada.

Luego más tarde se me volvió a salir, justo tocando love buzz y justo como tema para dar por finiquitado el ensayo. Se me salió y yo la agarre por el mástil, y se me metió el acople dentro del cuerpo y se me fue la castaña: la pille con las dos manos y como quien aplasta una mosca con un libro, así la tiré yo contra la pared. Nuria tiró los palos para unirse a la escena punk. Y mientras la guitarra pitaba de placer escuché a David diciendo "eh... que casi le das a Guillermo"...

Una palmera

He cambiado el somier

he movido las luces de casa arriba y abajo

he comido 2 veces, y lo siguiente por orden de caida;
Primera tanda: tres croquetas, tres plátanos
Segunda tanda: pollo, arroz, sushi, ternera, gambas, patatas fritas, empanadilla china, salchicha y helado.

Me he encontrado con Vero ala Guille cuánto tiempo qué haces yo por aquí fumando un pitillo de descanso qué sabes de Patricia, y de Ana, y de Alberto joer qué bueno estaba, y tú qué haces y yo lo he dejado con el novio en Marzo [ojo al presente de un pasado de 7 meses] y si pues nada pues ya nos veremos adiós.

Siempre he pensado que la gente tiene "clones" por el mundo. Que tenemos un patrón que no es original -pa algo venimos del mismo mono- y hay gente que se parece un huevo. A veces me quedo mirando un desconocido y reconozco un "modelo". Y la gente que más me atrae es, por supuesto, aquella que no sé clasificar. Por unanimidad neuronal, Vero pertenece a este grupo
http://www.cryptozoology.com/forum/images/igor_5212.jpg

Hoy en la moto me preguntaba que por qué el cultivo de las lentejas enriquece el suelo agrícola.

Y hoy he tomado conciencia como jamás en la vida que Europa es el resultado de esclavizar Africa para exprimir América.

Una cebolla de mi nevera sacó raices. Crecieron verdes y tiesas y atravesaron la rendija del siguiente nivel. Por pura curiosidad la dejo crecer mientras no moleste, y yo no la molesto a ella y ordeno la compra del súper respetando ese brote orgánico. Ya lleva unos meses saludándome desde su rincón cada vez que abro la nevera, la verdad es que no recuerdo cuántos meses lleva ahí. Ajena a todo, está rozando la rejilla del segundo nivel.

Una neurona ha preguntado si podrá llegar al techo. Y me temo que la curiosidad ha dado otro paso. La voy a llamar Marcela.

A la cebolla.


miércoles 1 de octubre de 2008

Una sangria

Banana 2.13 € Ya ves, cuatrocientas y pico pelas por seis plátanos verdes. Como resulten como esos de hace unas semanas que de tan verdes eran incomibles, y que pasaron de "verde" a "podrido" en una noche, no volveré a comprar plátanos ni a los monos.

Limón malla 1Kg 2.35 € Y les tengo yo una pasión a los limones que ni Cristo, coño. Al colocarlos en la nevera he visto que ya tenía otro kilo enterito ahí, la malla sin tocar. Arrugaos ya, eso sí. Me haré un lavado de pies.

4 estaciones consum 250 gr. 0.60 € Esto. Esto ha sido lo que me ha tocado los cojones. Dos lechugas en plástico valen 1,10. O sea, ciento ochenta pelas o así. Y no tienen una pinta muy allá. Las lechugas iceberg peor; más caras, más oxidadas o con un liquidillo marrón la mar de asqueroso. Encima ahora las hacen más pequeñas, o las venden más pequeñas, o yo que sé. Así que me ha dado por comprar una lechuga de esas lavadas y recortadas. La pijeria al cubo. Pero era lo más barato.

pizza 4 quesos tarr. 2.49 € El capricho del día.

Yogur Griego azucarado pack 4 1,00 € Pues vale, ciento seseintayseis pelas por cuatro yogures, será que pagas la procedencia; eso de que son griegos. No sé. Pero el otro día los pillé por probar y me gustaron. Creo que fue la semana pasada que me cené 4 de golpe. Pensaba que no me volverían a apetecer en la vida.

Nata cocina 200 gr. 0.56 € esto no valía 30 pesetas?

Atún conserva miau 82 gr. x 2 latas 2.50 € (1,25 unidad) Cágate lorito. Hoy las 3 latas de toda la vida estaban a 3,60, o sea; seiscientas pelas. Que yo en mi puta vida habría pagado seiscientas pelas por 3 latas de atún en aceite por muy de oliva que sea. Más cuando la semana pasada no valían eso ni de coña, vamos. Estas eran un poquiiiiiiito más baratas. Pero me ha tocado la moral un ratito.

Tomate frito consum 400 gr x 2 0.72 (0,36 unidad) ya calcularé a cuánto me sale el plato de espaguetis.

Espirales consum (pasta) 500 gr 0.65 € Mis espaguetis de toda la vida no estaban, y he cogido las espirales estas y ya pensaré con qué las cocino. Siempre me recuerdan a ensalada de pasta, pero visto el precio de la lechuga y el atún...

Leche fresca prado 1,5 L 1.65 € Y siempre con el temor de que se haya conservado mal y esté cuajada. Por eso siempre pillo la botella más escondida y al fondo posible. Mi alzheimer la confundirá con un calcetín y la meteré en la secadora algún día, que ya dije que todo se andará. (Nota: La paja en las tumbonas de la piscina tendrá que esperar al año que viene, que a ver quién es el guapo que se tumba al sol con estas brisas otoñales).

Café soluble consum 200 gr 2.39 € Pa matarse. Casi quinientas pesetas el pote de café. Y eso que ya hace año y pico que olvidé la marca nestlé y me pasé a las marcas blancas, que ese está de un caro que se hace insoportable.

Recambio eléctrico matamosquitos 3.90 € Esto es la guerra y aquí no hay ni caro ni barato. Yo voy a matar, a exterminar, cueste lo que cueste. Y si no fuera por los recambios estos, compraba gas mostaza. Estoy de esos bichos hasta los cojones.

Pilas alcalinas 9 V x 2 8.70 € (unidad a 4,35). Parece una macabra ironía que las pilas estén al lado de los preservativos. Yo compro pilas porque mi pedalera guitarrera consume pilas de 9 V como si le fuera la vida en ello. Preservativos ya tengo en casa, unos de hace un año que andan (acumulando?) especulando con polvo.

total... 29 euros. O sea, cinco mil pelas... ja... ja ... ja...

Y hoy he leído que los vendedores de coches están que no duermen porque las ventas han caído un 32%. Y que el sector más perjudicado son los todoterrenos de lujo.

Y se quejan.

martes 30 de septiembre de 2008

Un grillo

Ayer compré una mesa en Ikea. La quería marrón, pero mi hermana -que estaba ahí acompañándome por eso de llevarme en coche- me insistió y convenció para que cogiera la de color negro. Claro que al final del trayecto descubrimos que se habían terminado, y le toco desinsistir y desconvencerme para ahorrarnos volver otro día.

Todo lo barato de Ikea, se convierte en un suplicio cuando lo tienes que montar en casa. Pero como a mi me va sufrir; tal vez mañana o esta tarde mismamente, me haga con un barniz oscuro y pintaré la dichosa mesa.

He tenido un sueño raro, algo inquietante.

Pero esta mañana me he despertado bien. Y antes de ir a la universidad he pasado la mano por la mesa nueva. Durante el café pensaba que vaya huevos los míos, que hace cuatro años cuando vine a este piso cogí la única mesa que existía y le serré las patas. Desde entonces tengo un cuarto la mar de mono y la mar de inútil. Porque siempre que ha venido alguien a casa se ha tenido que sentar en el suelo. Y si he querido jugar a cartas con alguien ha tocado haciendo contorsionismo vertebral aquí donde escribo ahora.

Incluso toca decir que en 4 años no recuerdo haber follado encima de una mesa. Pero ahora tampoco me voy a animar que yo sé cómo he atornillado las patas y no me fio un pelo.

Termino el café y me subo a la moto.

En el segundo semáforo veo que tengo ganas de hablar gilipolleces. Y busco "algo" que me inspire. A veces me hablo en voz alta, poniendo voces de radioteletasi o de català de poble de ses vaques. Si veo un cartel que pone "clínica dental" empiezo...
-Bienvenios a la clínica dental, aquí trastamos a lo diente enfermo, y le damo tó el cuidao y ejpecial atensión que éstas nuetra muela nesesitan. Curamos gripe molar, nuestra especialidá, con un doctor titulao en la costa de marfil,...

y así. Me puedo pasar horas.

Hoy he leído "frutas Bradana" en un furgón. Y venga:
-Fruta Bradana pone a su disposisión la' mejore fruta. Fruta naturale y sana. La tenemo toas: merlocotone, melone, plátano, tomate... tomae a vé, el tomate es una hortalisa, pero claro, tambien la indistribuimos. Toa la fruta de másima calidá. A ver, que algún gusanillo hay,... pero eso é una muetra de la naturalesa. Porque la cosa son órganica, y nasen, cresen, se pudren y eso. Y yo el otro día le lleve un merlocotón a una zeñora que se me puso esha una rabia porque taba podrío. Y a vé, un poco inchao sí que taba, pero ezo é una muetra de su naturalidá...

y eso.

Pero al llegar a clase y sacar la libreta le he preguntado la fecha al de al lado.
-30.

Y yo pues mira, pues 30 de septiembre recuerdo hace un año cuando cogí un avión para ir a dar un curso a Madrid y "ella" estaba conmigo. Que se vino conmigo al aeropuerto porque cuadramos las fechas -y las horas- para pasar 15 días juntos y no perder ni un minuto, que ella tenía que volver a sus islas. Y ya no estoy en clase de microeconomía, sino que estoy dándole un pico de despedida y veo como da la vuelta y se marcha a su puerta de embarque, tó felises los dos y enchíos en la gloría del amor.

Ya ves.

Y ya no estoy en microeconomía sino que estoy viendo los ojos de "ella". Y se me escapa una mirada alrededor, a ese montón de 80 personas que hay en clase y no veo ni la sombra de sus ojos. Pienso que no es porque fueran sus ojos, sino por las emociones y esas cosas. Y que fueron unas emociones irrepetibles y tal.

Tomo apuntes.

Pasa una hora, y dos.

Cambio de clase. Y como un viento impetuoso los recuerdos me asaltan en el pasillo otra vez. Sin dolor ni agresión, encima con cariño. No te jode. Casi un año -que aún nos volvimos a ver más adelante- y yo aquí sonriendo por ella. La que en noviembre me dijo "no te voy a esperar, adiós".

En derecho se me confunden un poco las ideas, y me situo al relentí.

Se acaba la clase, me despido, del friki, de eric el silencioso y me voy pa la moto. Subo, conduzco, y apenas me hablo nada.

Al llegar a casa me estoy meando de mala manera, pero tengo tanta hambre que me pongo a cocinar antes que nada. Así que preparo espaguetis y carne mientras doy saltitos por la cocina.

Y entonces pienso que no la estoy recordando a ella realmente. Que no pienso que nada sea irrepetible, y que todo fue maravilloso en su principio, y una mierda en su final, pero que fue y fin. Y que ya lloré lo suyo en su momento.

Porque no estoy triste. Estoy flipando porque mi cerebro va a su puta bola y mis neuronas más aún, y me pregunto que por qué a día de hoy del 2008 (que no 2007) estoy tirando fuelle del pasado, como si no hubiera nada mejor en lo que pensar. Y entonces comprendo que a lo mejor no estoy recordando por placer, sino que mi cerebro me recuerda todo eso para señalarme DÓNDE me equivoqué... y que por eso recuerdo ciertas cosas sin parar.

Mi cerebro, mi pepito grillo, no está tocándome la moral porque sí. Ahora que me ve fuerte, guapo, sano y tirao pa alante, no quiere que la joda como sensacionalmente hice un año atrás. Entonces me dejé llevar, no quería discutir, no quería contradecir nada, no quería imponerme ni levantar la voz porque no sé decidirme entre pollo agridulce o ternera al curry. Y eso me convirtió en una sombra de mí, en lo que no soy. En aquello que a ella la enamoró.

Porque cuando ella, Paula, me conoció yo estaba alegre, pasando de todo, viviendo a mi bola y tirao pa alante. Más o menos como ahora.


domingo 28 de septiembre de 2008

Un tocaba

Ya tocaba, ya, que se uniera a nosotros un/a bajista. Y hoy formalmente ha sido el primer ensayo de los cuatro como banda, ya sin pruebas ni vueltas atrases que valgan.

Estaba por ahí una amiga de Nuria -la batería- con la que teníamos apalabrado hacerle una prueba en cuanto volviera a Barcelona. Pero ya dije que hace una semana y poco contactó conmigo una pequeña duende de lo más maja, y con tablas a la hora de tocar el instrumento.

David y yo le dijimos a Nuria que la tipa esta ya nos parecía perfecta, que nos caía de puta madre y que si por nosotros fusiese, no probábamos a nadie más porque con esta perfecto.
-Home... es que ja ho haviem dit... - decía Nuria.

Nuria es así; es tan indecisa que cuando se toma una decisión se aferra a ello como si fuera palabrita divina. A lo que David, Sara -la bajista- y yo nos encogíamos de hombros y decíamos pues nada; en el aire queda la cosa.

Hoy mismo, antes de ir al ensayo Nuria me ha escrito un mensajito diciéndome que "Sara se queda". A lo que yo he supuesto que ella sola se ha convencido, o lo que sea. A mi me la bufa (me la sopla). Yo he pillado mis cosas, me he subido a la moto, he cruzado Barcelona, y he esperado a Sara a la salida del metro de siempre.

Ha llegado, hemos compartido la experiencia de la gripe, y he comprado una caja de donuts. Yo le decía que cuando me siento enfermo, como estos días, me concedo caprichos; no hago nada, como lo que me da la gana, etc. Faltaría más. Ya que estoy solo y nadie me cuida, pues fiesta. Y alegremente nos hemos comido los donuts mientras subíamos al local de ensayo. Pero para mí, era como una forma de celebrar que por fin el grupo está cerrado. Porque le he explicado que a mi y a David nos encanta, y que Nuria estaba indecisa por ese "contrato verbal" que parecía haber firmado semanas atrás.

Y Sara feliz, porque se lo pasa pipa con nosotros. Como tiene que ser.

En el local ya estaban Dabid y Nudia, y a mi ze me caian ya loz mocoz. Entonces Nuria ha explicado con ese arte y esa chispa que tiene ella, que su amiga no nos conviene porque en el segundo semestre le cambiarian los horarios y ya no sabe si coincidiría con nosotros o no.

Y yo que sé, me ha sabido a poco. Justamente hoy estaba pensando que a mí me gusta la gente que dice las cosas claras, directamente, tal cual, y si se le pone la piel de gallina mejor. Y que las cosas del día son estupideces cotidianas casi siempre, pero que si las vives a flor de piel pues todo gana mucha más... qué sé yo... energía. O alegría. O magía. No sé. Estoy febril y todavía tengo que hacer un resumen para mañana... y me he perdido.

Y he tocado perdido, pero muy bien, la verdad es que hoy sonaba todo chulo, y bien. Y a lo mejor es el contraste de estar con dos chicas, pero hoy David y yo nos hemos animado de mala manera y los temas sonaban muy bien.

Pero al acabar, y mientras bajábamos las escaleras, David me ha tirado unos metros para adelante y me ha dicho "pero tío... ¿Qué coño le pasa a Nuria?"...

Y yo que zé...

sábado 27 de septiembre de 2008

Un soporte

Como yo me puse a hablar con Nacho, y Laia no se despegaba de él, se quedó colocadita entre nosotros dos.

Aprovechando que es un tapón humano levanté el codo derecho y lo apoyé sobre su cabeza. Y reposé todo el peso de mi cuerpo con ganas de descansar. Me llegaba un tembleque que me sacudía el hombro, y es que ella se estaba riendo por la pose. Así que para sacar más tajada de mi pequeña prima, le di el vaso de plástico de cocacola para que me lo aguantara y seguí conversando con su padre.

Nacho -el padre- es una especie de rockero-jebimetalero cuarentón, al que las deudas le han inflado las ojeras y la barriga. Su pasión sería carretear por el mundo en una harley con Diana -mi tía casi hermana- besándole la nuca. Pero ahí está; recuperándose del accidente de tráfico que le levantó el cráneo hace siete años, trabajando como un animal todo el puto día, y discutiendo con Diana porque la pasta se les va de las manos con el niño y la niña, el cole, los caprichos, y el piso.

Me contaba que los sábados pilla a Laia, la monta en la furgoneta, y se la lleva a cargar y descargar al aeropuerto. Que no puede bajar de la cabina porque se le caería el pelo a él, y al que los deja pasar. Pero que así se pasan el día juntos. Que si terminan pronto se van a comer un bocadillo a collserola, o la ayuda con los deberes del cole ahí mismo.
-¿Pero entonces ella trabaja para ti?
-Sí, claro. Estoy ahí con el bocadillo y le voy gritando que como no me coloque esas cajas rapidito se queda sin cerveza.

Me tiembla otra vez el hombro. Bebo cocacola, saludo a la abuela cumpleañera que está sentada en la mesa, pero escucho a Nacho...

Me dice que el día 1 de septiembre se le jodió el móvil. Y que justo ese día le llamaron para ofrecerle el trabajo de su vida; probador de coches de alta gama. Por lo visto cogen un coche, lo llenan de sensores, le ponen una matrícula especial, y te dicen "conduce ocho horas". Se trata de dar vueltas por la ciudad, o por carretera, o ponerlo a toda hostia por la autopista...
-¿pero las multas?
-Es coche especial, dejan hacerlo.

Pero el día 1 tenía el móvil estropeado y llamaron a otro. Pero según decía, hay gente que se cansa rápido de este trabajo. Yo por milochocientos al mes -decía- me pasaría la vida. Yo sólo he sabido decir "pues a ver si te llaman pronto"...

Mi padre montaba la tele para la abuela, otra primita le daba a todos los botones del mando con una hiperactividad única. Sólo superada por la inactividad de mi abuela. Que desde la mesa quería meterse en cualquier conversación pero hablaba de lo único que sabe; de ella misma.

-Ya no puedo salir de casa porque no sé volver...

A mi tía Nuria se le ha caído "la pastilla" al suelo. Le ha pillado un principio de ataque de pánico. Y entonces se ha tirado al suelo con una linterna a buscar la pastillita rosa. La abuela también se ha tirado bajo la mesa, la otra primita también, y levantaban los pies de los demás, que seguían hablando como si el cuento no fuera con ellos. Nuria da gritos.

Nacho se ríe, y me imagino que estará sintiéndose mínimamente compensado de esa vez que sirviendo los platos en la cena de Navidad, Nuria le tiró -por culpa del estrés hiperactivo- el plato de sopa ardiendo por toda la cabeza (e injerto craneal).

Por cierto que ya no tiene secuelas; ni cojea ni tiene la cabeza deformada. Ni se le ve la cicatriz. Me dice que se quiere apuntar a un gimnasio con su hijo, aprovechando que el chavalín hace basquet.

Entonces un grito nos despista... Diana me mira desencajada desde el otro lado de la sala y grita "mi niña!!!". Yo es que estaba tan cómodo que me había olvidado de Laia, mi soporte.

miércoles 24 de septiembre de 2008

Un terremoto

Al abrir el armario para coger el café he visto la bolsa de pan bimbo. Y al lado el pote/bote de Nutela. Ayer tuve un arrebato y los compré.

He apartado a un lado el azúcar y he cogido el pote/bote de Chocolate. Y lo he abierto, he rasgado el papel de protección, y cogiéndolo con las dos manos lo he olído. Y el olor de la avellana y el cacao ha ventilado el cerebro durante unos instantes.

Lo he cerrado y lo he dejado junto al pan. Me he servido el café, y luego he cerrado el armario.

martes 23 de septiembre de 2008

Unos huevos

Entonces en el mundo entero ha surgido una plaga y la mayoría de la gente se ha convertido en zombies. Unos zombies salvajes, agresivos y sanguinarios. En el mundo quedábamos un puñado de humanos normalitos, entre ellos yo.

Entonces los zombies se han organizado por aquello de no despilfarrar los recursos naturales y han decidido encerrarnos en una granja. Así, como para cultivarnos. Yo podía moverme a lo largo de la granja e incluso salir de ella. Pero no era muy recomendable porque ahí afuera habían zombies herejes; zombies que no compartían la visión del cultivo e iban a por todo bicho viviente.

Realmente los guardias que habían ahí no estaban para evitar que nos escapáramos, sino para protegernos de los chalaos del exterior. Y hacían guardia con perros bobos. Yo he ido saltando sobre unos tejados, y me paraba a hablar con esos zombies-buenos y miraba a los perros bobos, que me devolvían la mirada fijamente.

Entonces, rollo cámara de un reality, he visto que unos zombies-malos han abierto una brecha en la alambrada y se tiraban a por los cultivados. A los que mordían, se convertían al momento en zombies-malos, que no habían llegado a tomar conciencia de nada excepto de las ganas de matar.

Por lo visto los escupitajos también convertían a los humanos en zombies, y yo estaba corriendo hacia la casa central de la granja con los escupitajos lloviendo alrededor como dardos mortíferos. Y los escuchaba zumbar cerca de mí.

He entrado en la casa con más gente, y de pronto estaba rodeado de un puñado de chavales con bata de colegio (bata azul de cuadraditos blancos). Yo me escondía en la esquinita que formaban un par de paredes, justo detrás de una columna. Y un niño se plantaba cerca de mí y me decía "nos van a ver". Y yo pensaba "a ti sí imbécil, que no estás detrás de ninguna columna".

Entonces todo ha desaparecido y estaba en casa, desnudo y junto a una chica (desconocida). Nos apetecía acostarnos juntos y en eso estábamos pero no le veía ni las tetas. De pronto han entrado mis padres por la puerta (juntos, como si no estuvieran divorciados) y he tomado conciencia de que el piso estaba hecho una mierda.

Mi madre lloraba e intentaba recoger las cosas; había un desorden increíble, e incluso había un árbol de navidad caído en el suelo. Alguien había cogido huevos de gallina y los había colgado en él, pero sin haber vaciado el interior. Y ahora estaban caidos y rotos por el suelo. Mi madre lloraba y barria, pero el líquido viscoso de la clara no se dejaba arrastrar y no había forma de limpiar nada.

Y me he despertado.

Pd: Ansioso estoy por ver qué significado le sacas a esto, Silvia!

lunes 22 de septiembre de 2008

Una empanada

Hay empanadas mentales. Y hay grandes empanadas mentales.

Y luego están las Grandes Empanadas Mentales, también conocidas como GEM. Y que a partir de ahora nombraré como Gemas. Aunque no tengan nada que ver con Gemma, mi hermana, la superempanada alias te llamo a la una de la noche pa contarte qué tal meo, querido hermano.

Las Gemas -que no Gemmas- son una empanada en toda regla; entender algo mal, del revés... a ver qué dice el DRAE

empanado, da. (Del part. de empanar).

1. adj. Dicho de una habitación de una casa: Rodeada de otras piezas y sin luz ni ventilación directas. U. t. c. s. m.
2. f. Masa de pan rellena de carne, pescado, verdura, etc., cocida en el horno.
3. f. Acción y efecto de ocultar o enredar fraudulentamente un negocio.
4. f. El Salv. y Ven. empanadilla.

empanada mental.
1. f. coloq. Confusión de ideas.

Me gusta. Confusión de ideas. Pues sí. O quedarse en una dimensión equivocada de las cosas, para entenderme yo. Pues así las Gemas son una empanada mental pero que dura, poco más o menos, 6 semanas o así. Es como estar convencidísimo de que la Navidad es el 25 de Noviembre, y te pasas todo el mes flipando con lo tranquila que va la gente, lo barato que está todo, y que el 26 sea laborable y esas cosas. Y el 25 te tragas toda la programación de la tele esperando alguna película ñoña o programas gilipollas y te encuentras con que le están haciendo el "tengo una pregunta para usted" a un vendedor manta, un partido del barça, o cosas así.

Y entonces llamas a alguien, rollo un familiar con estudios, alguien que sabes que entiende de la vida y que -por vínculo de sangre o político- no se va a reír a tu costa en una cena cualquiera delante de los amigos, y le sueltas eso de "oye perdona... verdad que hoy no toca...".

Bien.

Por otro lado quería hablar de que yo cuando era pequeñito me gustaba coger todos mi muñequitos y ponerlos a formar. Nada de pintarme un bigote y hablar con un estropajo en la boca rollo "nosotrrros invadirrrr polonia", que era un nene. Me gustaba eso: colocarlos bien colocaditos, con su jefe delante y tal. Hacía lo mismo con los cochecitos y... en fin, para qué negarlo, hace dos días jugando al Risk del señor de los anillos para pasar la noche con los amigos igual; me colocaba el ejercito en línea, a cuadraditos y tal. No sé, será por leer Asterix de pequeñito mientras comía zanahorías y lacasitos, en la cama antes de ir a dormir.

Me lo pasaba mejor "preparándome para..." que "jugando a...".

De alguna forma esto se ha transformado en una actitud, o un gusto, y ahora cuando vivo me lo paso mejor "preparándome para" que haciendo la cosa en cuestión. Y siempre he sentido un regustillo amargo cuando se me deshacían las cosas; cuando perdía la partida, o cuando las cosas se desordenaban por la evolución del juego... A lo mejor es el vértigo de ver venir la derrota, o que las cosas se escapan de mis manos.

Nunca he sido ordenado. Pero cuando algo estaba bien colocado me gustaba admirarlo tal cual. Incluso ahora recuerdo una vez que escribí una "a" tomando notas en el cole. Me quedó tan perfectamente perfecta que deseé poderla reescribir tantas veces como quisiera. Pero como es imposible, pues ahí estaba esa "a" como un chispazo en una noche negra.

La liberación, porque me condeno a todo, fue admitir la derrota. Aceptar el desorden y el caos cuando todavía las cosas brillan y las juzgo como adecuadas. Así que por muy bonito y biendispuesto que esté todo, lo admiro para mí y lo aprecio sabiendo que se desmoronará.

Y hoy he pensado esto de una forma rápida cuando me ha tocado coger la moto en pleno diluvio. Ahí estaba yo, seco y hermoso, y ahí estaba la lluvia dándoselas de monzón. Entono un "om", libero la mente, no hay cuchara. Y admito que me voy a mojar hasta los huevos. Tomo la precaución de esconderme bajo la chaqueta la cartera con libros y cosas, y camino sólo pestañeando por las gotas que me vienen a la cara.

La primera gota que toca la nuca, jode. Los litros que vienen después ni me inmutan. Estoy admirando el cielo en busca de ballenas.

Bien.

También quería hablar de que ayer celebré mi primera cursa atlética. La de la Mercé. Hay cosas curiosas al respecto:

Primero. Fue una propuesta de Iván; lo cualo es un ser que -entendía yo- se la suda las cosas oficiales. Resulta que no, y encima no le han ordenado los tiempos por "orden de llegada real" y aparece en las listas como el 2747. Y está que trina. Manda huevos.

Segundo. Cuando he ido a correr solo escuchaba voces que decían "para, déjalo, cómprate churros, no estás consiguiendo nada, pareces bobo,... etc". Voces que sólo me alentaban a correr más, pero que amargaban un poco. Sobretodo al principio del trayecto.
Cuando me acompaña Ivan no son tan intensas, incluso me gusta tirar y proponer que subamos las escaleras de nuevo, y cosas así.
Cuando te rodean nueve mil personas no hay voces. No hay ganas de parar. Y sientes un placer inmenso al adelantar a uno y a otro. Y un asco indescriptible cuando un ejecutivillo de cincuenta añitos con unas piernas percheronas te adelanta. Aunque no sé concretar a qué se debe ese asco.

Tercero. Al terminar tenía ganas de saltar a la comba, o de correr más, o de subir las escaleras de Montjuic. Llegué muerto y literalmente con la lengua fuera. Y el sudor me bajaba por la frente y me escocían los ojos. Pero a los diez minutos tenía ganas de más.

Cuarto. Nueve mil tipos corriendo por Gran Vía debe ser una minucia en comparación a nueve mil desalmaos corriendo con espadas y hachas en dirección a otros nueve mil desalmados, que a su vez van con sangre en los ojos y espadas y hachas. Cuando leí "Yo Claudio" -la vida de un emperador romano- era dificil imaginar esa especie de alegría poética al hablar de las tropas avanzando hacia los frentes enemigos. O cuando vi la película de "senderos de gloria" se vislumbraba una admiración divina por las mareas humanas arriba y abajo. Y es que me asusta pensar en las desgracias que ha vivido la humanidad.

Quinto. Los delfines necesitan respirar sin cesar, como cualquier mamífero. Pero están en el agua, y necesitan dormir. La solución es que duermen un hemisferio cerebral a cada rato, y el otro está en marcha. Se quedan un poco bobos, pero solucionan el problema.
Pues así estaba yo entre el kilómetro 3 y 6. Creo.

Bien.

Ayer hicimos un ensayo por la tarde con el grupo punk. Porque contactó conmigo una chica que dijo ser bajista aunque hacia meses que no tocaba el bajo y, por no tener, ni tenía bajo. Aunque a los dos días de hablar conmigo en un primer momento ya se compró uno.
Es bajita, sino lesbiana es XYYY, y tiene una cara que me recuerda al mudo de los hermanos Marx. Se ríe guay. Y por primera vez desde que estoy tocando con David y Nuria, las cosas sonaban "como tienen que sonar". En una de ésas miré a David y nos sonreímos rollo "esta vale".

Me explicó que vio mi anuncio en una tienda de música. Yo ya me había olvidado de esos carteles. Puse algo así como "banda punk busca bajista. (...) Y si es chica mejor." Me decía ayer que lo de si es chica mejor le hizo gracia. Y por otro lado alguien me dijo que no todo el mundo tiene que entender mi sentido del humor. Como cuando colgué carteles en escuelas de audiovisuales y escribí "hago música para todo (...) Acepto comida.".

Creo que no me dejo nada.

sábado 20 de septiembre de 2008

Una espiral

Me ha llamado Carlos a ver qué hacía para comer. Le he dicho que ya había quedado con Iván, y él se ha sumado.

Nos hemos acercado ambos a la librería donde está Iván. Y por el camino nos reíamos de la gente, de tonterías. He aprovechado para comprar el código civil, que será lectura en la universidad, y pagando me he encontrado de cajera a Gemma. Según Iván "una loca tipo Laia".

Laia fue una chica con la que salí 4 meses, y tardé 6 para dejarlo.

-Olvídate de mí.
-¿Pero me quieres?

Hablaba con Gemma y una lucecita roja de alarma me despistaba las intenciones. Carlos se lo miraba desde la distancia. E Iván volvía a su sitio en la librería porque eran las dos y hasta las 3 y cuarto no lo dejaban salir a comer. Lo tienen esclavizado.

Hemos dado un paseo para matar el tiempo. Yo el otro día descubrí que ya sólo me queda un tejano "sin agujero" en la entrepierna. Y Carlos también me decía que él necesitaba comprarse unos. Pero por mucho que hemos caminado no hemos encontrado una tienda "normal". Y la modelnidad y el mal gusto escampaban por doquier y sólo hemos ganado hambre.

Una vez recogido Iván, hemos ido a plaza universidad a buscar los dorsales para la cursa de mañana. Y el hambre y la amenaza de tormenta se nos ha metido en el cuerpo y delante de una especie de azafata nos hemos puesto a bromear. A la chica se la veía con ganas de pertenecer a esas bromas, y la sola tontería de rellenar un formulario para un sorteo de un viaje a nueva york nos ha dado una idea.

Los amigos de toda la vida son extensiones de tu cerebro. Y las bromas se ocurren como si un wifi nos actualizara a la vez. Camino del japonés ya teníamos clarito que íbamos a escribir nuestro propio formulario en un papel y que volveríamos a entregárselo a la moza en cuestión.

Hemos comido, y entretanto yo rompía el mantelito de papel para escribir chorradas.

El resultado final ha quedado cutre:

Solicitud de acompañante al viaje de New York:
Nombre:
Edad:
Sexo:
Fotos o video?
Cama individual o colectiva?
Teléfono:

Y mi email al final.

Hemos pagado el japonés; 51,treintayalgo. Y de camino de vuelta hemos deducido que es la fuerza testicular la que mueve a tres hombres a salirse de su camino habitual. Como ellos dos ya tienen pareja, era evidente que llevarle el papelito era un acto de ligoteo por y para mí. Así que sólo yo me he acercado a extenderle el papelito a la chica.

-ah... para mí?... pero no hace falta.- Ha dicho.

A mí me era igual. Como si todo fuera una broma mayúscula. Jugar con la vergüenza y ver la cara de flipe de la otra persona es divertido. Y vale la pena hacer el ridículo.

Iván ha vuelto a los remos, Carlos se ha ido a casa, y me he ido a encontrar con mi padre.

Por novena vez me ha explicado lo que ya me dijo hace un mes; que ya ha dejado de hacer guardias en Andorra. Y me da que se provocará un Alzheimer sólo por insistir en hacer que se olvida de las cosas.

Se ha sumado mi hermana la pequeña. Y sin decirnos nada al respecto de la batalla que nos machacó mutuamente hace un par de meses, nos hemos preguntado qué tal la vida. Iván me ha contado que ella misma fue a la librería a comprar un libro, y que preguntó por mí a él ya que yo no le hablo directamente. Y este detalle me ha tocado la fibra, sí.

Hemos dado vueltas con el coche, en espiral, y por azar hemos aparcado en una calle cualquiera. El papa quería un helado pero nos hemos sentado en un bar cualquiera.

Café con leche -fría-, agua con gas, cacaolat natural.

Hablamos.

Mi hermana se levanta y se marcha, da dos besos al papa. Yo me miro las uñas. Ella dice "dos besos Guille", y nos despedimos como buenos hermanos.

El azar ha provocado que por ahí pasara Wilmar -amigo de los que van por otro camino pero que se conserva... "algo"- con su novia. Y de pronto, un sábado cualquiera, me he visto en la curiosa situación de tomar algo en un bar con Wilmar, la novia, y mi padre.

-Después de tanto tiempo y ahora conozco a tu padre.
-Es que no iba a quedar contigo en plan "oye, vamos a vernos que te presento a mi padre".
-No, es raro.
-Peor hubiera sido: "oye, vamos a vernos que te presento a mi madre".
-Eso suena mal.
-Pues sí.

Hacía dos minutos mi padre me hablaba de la crisis papal que tuvo la iglesia. Que por lo visto durante un tiempo hubo un papa en el Vaticano y uno en Vichissoise o no se donde de Francia. Y yo me lo escuchaba como cuando me explicaba un cuento... "ni idea, oye... ¿cómo lo arreglaron? los metieron en una habitación solos y el primero en salir ganaba?". Pero al juntarse Wilmar y su novia ellos aportaron su culturilla y ahí estaban los tres, hablando de papas.

Wilmar es ateo pero enseña "valores" en una escuela de monjas. Decía él que se la han endiñado bien; que cómo son las monjas. Que por muy ateo que seas te pillan por la pasta y te colocan de profe de su religión. Y no te escapas. Que en la escuela enseñan "valores" y "religión", como dos asignaturas independientes a los niños durante primero y segundo de ESO. Y luego se preguntan por qué coño los niños no saben leer... -decía- no te jode?

Mi padre se ha disculpado y se ha marchado. Quería pedirle que fuéramos a Ikea por una mesa, pero será otro día. Me he quedado en el bar con los dos viejos amigos; han bebido dos medias y dos quintos. La novia vomitaba rabia recordando una multa que les puso un guardia urbano hace un año... "me gritó a un palmo de la cara que le sudaba la polla noséqué". Y luego hemos recordado viejas historias, pero sin melancolías.

Y al volver a casa pensaba yo en lo curioso de todo. En las casualidades. Lo que pasa, lo que podría pasar, o lo que no pasará jamás.

viernes 19 de septiembre de 2008

Un yogur

Soy un chico sano y no fumo tabaco, ni porros, ni como tortilla de setas ni nada.

Lo de no fumar me lo inculcaron de pequeñito, o a lo mejor no me lo inculcaron pero les salí rana; recuerdo empapelar la casa con carteles de "prohibido fumar" porque no entendía qué coño hacían mis padres jugando a las chimeneas.

Cuando mis amigos empezaron a fumar tabaco yo encontré el placer de sentirme distinto a ellos negándome al vicio. Y cuando empezamos a emborracharnos, algunos dieron el salto y se pusieron también a fumar porros como cosa cotidiana. Yo me los miraba desde la distancia. La verdad es que me jode estar junto a alguien que fuma maria o lo que sea, porque se queda empanao, pajarillo, y yo estoy normal. No sé, será que una vez visualicé la cantidad de neuronas que pueden morir por culpa de eso. Y yo la conciencia me la quiero mucho, qué quieres que te diga.

Pero tengo mi demonio instalado en el hombro derecho y me susurra, y alguna vez lo he probado, claro. Pero entonces queda patente que yo no sé fumar, al igual que no sé bailar, y o bien me pongo a toser, o toso. Hasta que un día en compañía de Carlos -el amigo de toda la vida- me dijo que podía mezclarlo con yogur. Y la idea me hizo gracia.

Así que coincidió que un fin de semana me fui con él a Reus, al piso de su novia. Bueno, piso... un castillito de 3 plantas antiguo con la cocina convertida en asadero de pollos. Una casa enorme, con bosque-jardín, con camas grandes y aparatosas, y cuadros viejos y arañas enormes y un frankenstein en las catacumbas. O casi. El sábado comimos un arroz a la cubana de vicio, y pollo, y tomamos vino. Y de postre Carlos se lió un porro y a mi me dio por pillar un yogur y echarle algo de "chocolate". Sabiendo que es algo puntual en mi vida, pues yo dejándome llevar por la tonteria.

Me comí el yogur, nos quedamos hablando en la mesa, y luego nos desplazamos al sofá y miramos la tele. Creo que entonces eran las olimpiadas, o un europeo de basket o algo así. O vimos una película, no sé. El caso es que entonces me picó en el hombro Raquel, la novia, y me dijo que tenía que ir a comprar un par de números a la panadería.

Yo pensé que era una broma; que a ver para qué coño me tenía que levantar yo ahora a comprar boletos de la lotería. Y le dije que no. Ella me insistió, riéndose porque yo contestaba lento. A lo cual le respuse que yo estaba fresco como una lechuga. Pero cuando me quise poner de pie ya lo estaba. Me sentí raro, y me dejé llevar.

Raquel me miró cogiéndome de las mejillas y me dijo... Guille... compra dos números que acaben en 25. Un 2 y un 5, eh? Y yo pensaba "ta loca".

Así que salí a la calle, y caminando vi que zigzagueaba, y que tomaba conciencia del zigzagueo cuando estaba en el paso de cebra, y que cuando miraba a ver si podía pasar ya había pasado, y que la panadería está ahí y yo a mi edad y jipi perdido haciendo el capullo en Reus. Paré el paso para descojonarme de risa yo solo, porque me temía la cara de pánico de la panadera. Y respiré hondo, y pensé en mantener la compostura y la rectitud.

Entré cual terminator y vi lo gorda que era la panadera y mandé callar a todo el mundo en mi cabeza porque me temía muy mucho decírselo a la cara a la pobre mujer... tas gorda eh?... porque yo soy así.

Dije: dos números que acaben en 25 y un crouasan.

Me rasqué los bolsillos, pagué, y me comí el croisan con hambre. De vuelta al castillo miré los números y vi que terminaban en 37. Venga a reir. Entré en la casa sin poder pronunciar bien nada, y Raquel cuando vió los boletos se meaba de risa y decía pero qué has hecho. Y se los enseñó a Carlos y Carlos me miraba como un padre que desaprueba a su hijo. Y se rió de mí y me pidió que lo acompañara a la panadería a por los números de verdad.

Yo por el camino me excusaba porque había comprado unos boletos sin darme cuenta de cómo terminaban, que lo debería de haber verificado. Que al igual la gorda no tenía veinticincos pero vista mi cara de yonqui me dio lo que quiso. Y entra tú que yo te espero en la calle aquí como un perrito que no quiero que me vea.

Pasaron dos minutos que para mí fueron cinco años, y salió Carlos con una bolsita de papel marrón. Se plantó enfrente y sacó un 2 y un 5 de color rojo. Un par de velas.

Unos elefantes

Hoy he soñado que iba en coche con Jose Maria. Conducía él.

Íbamos rapidito por una carretera cuando al querer adelantar un camión ha perdido el control. Y nos la hemos pegado contra un muro. Salíamos del coche y yo le gritaba, y él se llevaba las manos a la cabeza y cambiaba de marcha porque ya estábamos otra vez en el coche. Otra vez por la carretera, y otra vez el camión, y le decía que frenase que ya nos la hemos vuelto a dar.

En el mismo sitio.

Le gritaba tanto que se ha abierto un tunel y he salido volando de una gruta por encima de un valle. Y ahí abajo un ejercito de samuaris vestidos de rojo estaban quietos, esperando, con elefantes y todo.

jueves 18 de septiembre de 2008

Una intersección

Ya he empezado la universidad.

A las ocho menos diez de la mañana estaba en un semáforo de la calle Urgell escuchando los lamentos de un motorista tirao en el suelo.

A las diez pensaba que las matrices númericas no las he visto yo en mi puta vida, ni les veo el sentido, y he podido llegar hasta los 28 añitos que nunca me han preguntado nada al respecto. Pero ahora tengo que ponerme a buscarle la inversa de la acomplejada, o algo así.

A la una he perdido un bolígrafo.

Sobre un saliente de hormigón, más allá de las cabezas de la gente apoyada en la pared, una paloma mira abajo. Tuerce la cabeza tanto que le sale chepa, e incluso tiene pose carnívora. Parece un buitre. Y pienso que en la urbe cualquiera pueda aparentar lo que le dé la gana, porque como no hay buitres de verdad nadie te va a colocar en tu sitio.
Y luego los cristales ennegrecidos los convertían en cuervos infernales.

He recuperado el bolígrafo.

He comido un taco de carne y arroz. Es la dieta del que el domingo pretende hacer la cursa de diez kilómetros y no morir.

Esto no es un principio, viene de aquí
http://www.lacoctelera.com/1400gramos

Pd: Esto de pasarme al blogspot lo pensé hace tiempo. Como esto es mucho más versátil, aprovecho hoy y pego el trueque. Ya no habrán más entradas perdidas, ni links sin vínculo, ni textos con letra diminuta.